¿Buenas intenciones?

En esta sociedad es una creencia común la frase «la intención es lo que vale». Y por ello hay muchas personas que creen que si la intención es buena no se está haciendo daño. Lamentablemente eso no es cierto.

Estoy convencida que la gran mayoría de personas tienen buenas intenciones. Esto incluye a quienes crían con el maltrato, a terapeutas conductistas, a quienes desde una posición de poder o privilegio toman decisiones por quienes no los tienen, sin siquiera tener en cuenta su perspectiva. Creo que muchos de los grandes genocidios se cometieron desde unas buenas intenciones.

Sé que las intenciones de la mayoría son buenas. Eso no hace sus actitudes buenas.

Y si, puede que las actitudes sean por ignorancia. Por ejemplo que muchas personas crean que una «palmada a tiempo» es la única manera de criar seres humanos responsables, aunque décadas de estudios digan lo contrario. La discriminación es otra forma de ignorancia que también puede darse por que alguna autoridad, por ejemplo religiosa, la promueve. Estas autoridades seguramente tienen buenas intenciones y sólo buscan una sociedad mejor a través de su lo que consideran moral.

Y no, no son suficientes las buenas intenciones. Si alguien te dice que tu actitud hace daño podrías parar a revisar tus privilegios o aprender un poco del tema antes de justificarte diciendo que lo importante es que tu intención no era causar daño.

Hablar es una acción. Incluso creo que el lenguaje crea realidades. El lenguaje no es un tema decorativo o sólo de forma, es parte de lo que nos hace humanos. El lenguaje puede discriminar y hacer daño, aún si no es nuestra intención. El lenguaje objetiviza a algunas personas con chistes o con insultos que se hacen comparando al insultado con un grupo de supuesta «menor valía». Desde ese uso del lenguaje se reafirma que la feminidad, un coeficiente intelectual bajo, otras neurodivergencias, la orientación sexual, la identidad de género, la expresión de género y muchas otras diferencias son algo que es mejor no tener o ser, algo tan menospreciable que puede ser usado para que alguien se sienta menos digno de ser humano. Hay muchas más formas de lenguaje que discriminan y sí, puede ser difícil cambiar nuestro lenguaje para incluir y respetar a todas las personas.

El lenguaje inclusivo no es una moda. No se usa por lujo o para sentirse especiales. No somos personas quisquillosas buscando quejarnos por superficialidades. Somos personas que estamos observando, evidenciando o tratando de cambiar estructuras sociales profundamente enraizadas que nos afectan o a quienes son personas discriminadas por razones distintas a las nuestras. Tampoco tratamos de obligar a nadie a adoptar nuestra manera de ver el mundo. No estamos obligando a adoptar un lenguaje inclusivo, al menos no en mi caso. Se trata de escuchar a quien lo necesita. Se trata de incluir, de intentar ser interseccional, de reconocer que hay personas que comúnmente son consideradas de menor valor social que tienen todo el derecho de ser visibilizadas, reconocidas en su completa humanidad, sin los estereotipos que suelen acompañarles.

Es fácil decir no estar de acuerdo, y justificarse de alguna manera, ya sea la tradición, la religión, la RAE, la intención, en lo que sea. Quizás yo muchas veces discrimino desde mis propios privilegios, busco hacerlo menos. Fui criada en una sociedad discriminadora de aquello que se sale de la normalidad y no es fácil cambiar mis costumbres, lo intento. Y, por lo vivido desde mi neurodivergencia, procuro cada vez más si alguien me dice que le duele algo que hago o digo, no minimizarle o ignorarle , sino escuchar de qué manera le duele, y buscar maneras a mi alcance para entender su posición y ver si hay algo que pueda cambiar para minimizar ese dolor. Y no, eso no significa cargar con el dolor de otras personas o de su responsabilidad. Significa escuchar el dolor. A veces eso y nada más es lo que se necesita.

buenasintenciones[Descripción de la imagen: fondo negro con nube de palabras en cursiva con distintas orientaciones formando un círculo, entre las palabras de la nube se destacan “buenas” en color violeta e “intenciones” en color celeste]

Perspectivas

Cuando familiares y terapeutas de personas autistas que requieren más apoyos, critican nuestra posición de aceptación del autismo de acuerdo al paradigma de la neurodiversidad y el rechazo al paradigma de la patología es muy difícil entendernos mutuamente. Es por un lado muy poco entendida la aceptación, se interpreta como un «no hacer nada» que tiene poco que ver con lo que necesitamos. Por otro lado cuando los sistemas médicos hablan desde la patología, desde la urgencia y obligatoriedad de terapias e intervención temprana, desde el hacer lo posible e imposible para cambiar quien somos cuanto más pronto posible, cuando algunas personas autistas reciben en su infancia hasta 40 horas semanales de terapia, cuando se habla siempre de nuestros avances en relación a un estándar neurotípico, se les vuelve muy difícil ver que hay una persona —con sus propios pensamientos, deseos, emociones, necesidades— viviendo una vida humana. 

No, la aceptación y el paradigma de la neurodiversidad no es «no hacer nada». Es simplemente aceptar que somos autistas y no vamos a dejar de serlo.

¿Qué sí es hacer algo?

  • Es que se nos den las adecuaciones que pedimos aceptando que no son ni pereza ni caprichos
  • Es que se nos respete si una situación social es desgastante y no nos sentimos con energía o con ganas de forzarnos
  • Es que se nos respete si no podemos o queremos hablar, permanentemente o en alguna situación particular
  • Es que se respete que tenemos tiempos y formas diferentes de hacer las cosas, esto no las hace incorrectas ni nos hace inferiores
  • Es que se nos permita tiempo de ocio
  • Es que nuestros intereses y pasiones no sean usados como premios por complacencia en terapias de manipulación de conducta
  • Es aceptar que si tenemos que trabajar 40 horas semanales para tener una “vida normal”  es altamente probable que tengamos que vivir otras 20 horas semanales recuperándonos de dicho esfuerzo, renunciando a ocio, descanso, vida —a no ser que este trabajo sea en un tema que nos apasione y lo hagamos en un entorno amigable para nuestras particularidades autistas—
  • Es reconocer que tenemos derecho al descanso, vida familiar, vida social, recreación que puede no permitrnos esa “vida normal”  más el tiempo de recuperación y buscar maneras de compensarlo

Vivimos haciendo muchos esfuerzos, muchas adecuaciones, traduciendo gestos, información no verbal, información verbal no explícita, a maneras que para nuestro cerebro tengan sentido. Vivimos haciendo sobre esfuerzos para que no les incomoden nuestras particularidades a quienes no son autistas. Y esto es un gasto de energía que pagamos caro, con nuestra salud, descanso y sacrificando aquello que nos hace felices. Es un esfuerzo muy caro.  Acomodamos a la jefe, a el amigo, a la suegra, a quien prepara el café en la oficina, al profesor, a la tía, al 98% o más de quienes nos rodean. Y lo habitual es que todo el esfuerzo por no ser rechazados, por no incomodar al mundo lo hagamos sólo quienes somos discapacitados, los demás poco o nada. No nos lo agradecen y encima nos recriminan por no esforzarnos lo suficiente. ¿Entonces por qué se ve la aceptación como un no hacer nada? Ya hacemos mucho y hay mucho por hacer para apoyarnos. ¡Casi todo está por hacer para apoyarnos! Aceptar es saber que nuestra manera de percibir el mundo es válida y no va a cambiar, que seguiremos siendo autistas sin importar que tanta terapia psicológica, farmacológica, espiritual, biológica o bioenergética recibamos. Eso no es necesariamente negativo, ni positivo, simplemente ES. Eso significa que aceptando nuestro autismo podemos concentrarnos en los apoyos que realmente necesitamos, aquellos que pueden mejorar nuestra calidad de vida sin exigirnos dejar de parecer autistas. Algunos de estos apoyos pueden ser:

  • Facilitarnos acceso la terapia adecuada que nos permita querernos como somos y tener una vida digna y plena sin que tengamos que parecer neurotípicos para merecerlo
  • Facilitarnos la comunicación como nos sea más cómodo, verbal, escrito, aplicaciones de comunicación alternativa aumentada, señas. Que las personas a nuestro alrededor dejen de hacerse los que no entienden para que nos esforcemos en hablar de la manera que ellos prefieren y a nosotros se nos dificulta
  • Facilitarnos el tratamiento médico, farmacológico o psicológico adecuado para hacer más tolerables nuestras dificultades, siempre respetando nuestro consentimiento  en la medida de lo posible
  • Separar nuestras comorbilidades de nuestro autismo y atenderlas adecuadamente. La epilepsia, por ejemplo, no es parte del diagnóstico de autismo y aún así nos dicen que si apoyamos el movimiento de la neurodiversidad es porque no requerimos tantos apoyos y no tenemos epilepsia, invisibilizando a autistas como Amy Sequenzia, por ejemplo.
  • Respetar nuestra intimidad, no compartir verbalmente, por escrito en blogs o redes sociales, nuestros momentos o situaciones vulnerables o íntimas

¿Hay algo de malo en esto? ¿Hay algo de pasividad en esto? No logro ver ese “no hacer nada” que supuestamente hay en la aceptación. 

Trato de entender la visión de familiares y terapeutas de autistas que requieren más apoyo. Sé que la mayoría tienen la mejor de las intenciones, que quieren a sus familiares y quieren lo mejor para ellos. Sin embargo, leo genuinas historias de terror cuando leo sus historias y publicaciones. De terror no por lo que viven esas familias que sé que no llevan vidas fáciles, sino por lo que debe estar viviendo esa persona autista. Si, también siento compasión por las familias, lamento mucho de lo que viven:

  • Lamento mucho que se estén perdiendo el realmente conocer a su familiar autista esperando que sea quien no es
  • Lamento que el sistema de salud no les de apoyos adecuados ni la capacitación adecuada para entendernos y apoyarnos
  • Lamento que no puedan vernos en nuestra completud más allá de lo que imaginan que el autismo les quitó.
  • Lamento que no logren presumir competencia en sus familiares y porque su familiar no hable, crean que no entiende nada
  • Lamento el duelo que viven por que no cumplimos sus expectativas.
  • Lamento que no puedan tener una perspectiva más asertiva del autismo
  • Lamento que digan que “aman a sus hijos y odian el autismo”, haciendo ver indeseable esa parte inseparable de quien somos, que es parte de nuestra identidad
  • Lamento más que no tengan la capacidad de ver la humanidad en esa persona autista que acompañan
  • Lamento que no vean más allá de los comportamientos autistas que buscan eliminar con terapias abusivas, que no se pregunten qué de sus propias actitudes las pueden causar
  • Lamento que no puedan ver que esa persona autista percibe su rechazo al autismo, esa parte inseparable de quien es
  • Lamento que su no aceptación les lleve a abogar por que dejemos de existir, por teorías causales del autismo probadas falsas repetidamente, por curas que no lo son, que en algunos casos son peligrosas (MMS) y en el mejor de los casos atienden sólo comorbilidades (GAPS)
  • Lamento que crean que lo mejor es ocultarnos el diagnóstico generando personas privadas de su identidad y de su comunidad. Con suerte en algún momento lleguen a grupos de apoyo autistas a finalmente entender que no están rotos
  • Lamento que su intención sea que crezcamos siendo personas complacientes que nos neguemos mismas para complacer a la autoridad de turno
  • Lamento que consideren que imponer los arbitrarios criterios de normalidad sea la única manera de que tengamos una vida plena, y que los progresos que se ven con las terapias son sólo a causa de la terapia y no porque simple y llanamente aprendimos y maduramos como cualquier otro ser humano
  • Lamento que crean que si no recibimos toda la terapia posible en nuestros primeros años no lograremos ser nadie en nuestras vidas
  • Lamento que sus rigideces no les permitan ver que las personas autistas que hablamos de autismo no somos sus enemigos

Vale la pena preguntarnos qué o quién está generando la discapacitación. ¿Realmente es sólo el autismo? ¿La actitud de familiares y profesionales no tiene nada que ver? Entiendo el miedo, entiendo que se obedece ciegamente a lo que recomienda el experto porque no se conoce nada más. Entiendo la sumisión de que se inculca en la educación que hace que sólo creamos lo que dice quien se considera experto por sus estudios, así sean criterios desconectados de la realidad de autistas. Entiendo el miedo a las diferencias, entiendo el miedo a lo que pase cuando ya no estén,. Entiendo especialmente la frustración de no poder empatizar con diferentes maneras de ver el mundo, lo vivo a diario.

Toda mi vida me sentí inadecuada. Aún sin mucho conductismo en mi vida trataba siempre de hacer lo correcto. Me era una incógnita sin solución el por qué yo, que seguía todas las reglas explícitas de este mundo, no lograba ser apreciada por la mayoría de personas, y en cambio veía que quien rompía estas reglas a todo momento podía ser bastante popular. El seguir reglas neuróticamente se gastaba mi energía, aún así no era apreciada por la mayoría. Y así viví gran parte de mi vida. Por eso cuestiono tanto el énfasis en el comportamiento en la crianza. Por eso cuestiono el conductismo. ¿Para qué se castiga a alguien por un portarse mal, tantas veces arbitrario, si la sociedad aprueba mucho más a quien no las sigue? Al menos en mi sociedad.

Veo a muchas personas autistas castigadas no por hacer daño a propósito, sino por ser quienes son. Por tener sensibilidades sensoriales. Por expresarse con estereotipias. Por no hablar con palabras salidas de su boca. Por tener un cuerpo que no les coopera. Por no «esforzarse lo suficiente» para complacer a la autoridad de turno. Por no ser personas económicamente productivas. Muchos de estos castigos son por cosas que no entendemos, reglas arbitrarias, currículos ocultos. Y conozco a personas autistas con miedo permanente, miedo a vivir, miedo a ser incorrectas. Me reconozco ahí no hace muchos años. Veo a personas autistas disculpándose compulsivamente cada vez que alguien menciona un malestar. «Me duele la cabeza» «Lo siento, debe ser porque hoy llegué dos minutos tarde a la hora que acordamos». Veo autistas creyendo que algo de lo que somos hace daño, que el dolor de sus familiares es su culpa. Les veo armando complejos esquemas mentales con intricadas teorías causa-efecto para poder determinar qué en su actuar causa el fastidio que observa que su sola presencia produce en sus «amistades», en su maestra, en su hermano, quizás en su padre.

Y me pregunto, ¿Es el autismo el discapacitante acá? ¿El ver cómo causamos desagrado sólo por el hecho de existir por fuera de una arbitraria normalidad no tiene nada que ver?

Tenemos comorbilidades y características del autismo que sí pueden ser discapacitantes: otras neurodivergencias, ansiedad, depresión, epilepsia, estrés postraumático, diferentes discapacidades mentales, adicciones, dispraxia, alexitimia, sensibilidades sensoriales severas, dificultades de función ejecutiva. ¿Son ellas autismo? ¿Ellas nos discapacitan más que la actitud social hacia nosotros? ¿Ellas nos discapacitan más que el esfuerzo permanente por pertenecer?

¿Quien hace la discapacitación? ¿Será sólo el autismo?

aceptacion

[Descripción de la imagen: Cuadro en color pardo con un “globo de pensamiento” en color violeta con un texto que dice “No, la aceptación y el paradigma de la neurodiversidad no es «no hacer nada». Es simplemente aceptar que somos autistas y no vamos a dejar de serlo.”] En la parte inferior en color violeta la dirección http://aprenderaquererme.com.

Sobre el «Buen Comportamiento»

Gracias a mi «interés especial» en crianza respetuosa de hace unos años, pude ver que los premios y castigos no son la manera en que quería criar a mis hijos. Yo no quiero hijos obedientes sino con pensamiento crítico. Por eso no están en colegios tradicionales. Aún en los menos tradicionales sigo viendo sus maneras de educar muy orientadas a cambiar comportamiento sin analizar causas subyacentes. Se resisten a ver los «malos» comportamientos como síntomas de malestar, como un lenguaje que comunica lo que no se ha logrado transmitir por otros medios. 

En estos días alguien escribía sobre las «caritas felices» para motivar a que su hijo tenga un «buen comportamiento». Además del conductismo me hace mucho ruido la frase «buen comportamiento». Es un concepto tan abstracto y subjetivo que a mí de niña me llevaba a la parálisis, al querer se invisible y al no disfrute. Por algún motivo ser espontánea y auténtica parecía ser para mí sinónimo de «mal comportamiento». Y creo que el miedo a no ser lo suficientemente buena me robó capacidad de autenticidad, disfrute y gozo que aún hoy no recupero completamente. No sé si para estas personas es claro y en casa definan claramente lo que significa «buen comportamiento». A mí no me lo pudieron o quisieron definir. Y aunque dije que yo como persona autista hubiera necesitando algo más específico, la respuesta no fue aclarando el término sino diciendo «a mí me funciona». Curiosamente, o no tanto, «a mí me funciona» es una de las mismas justificaciones que dan quienes defienden las palmadas como disciplina, algo que la ciencia ha demostrado una y otra vez que es dañino.

Hoy a los 44 años me sigue haciendo ruido la tan colombiana fórmula de despedirse con un «juiciosa» o «portate bien». Además de la condescendencia implícita en las palabras,  me molesta porque a mí, el «entrenamiento» en «portarme bien» me ha quitado mucho más de lo que me ha dado. Si a mis 44 años me cuesta entender qué significa «buen comportamiento», pienso que también puede ser difícil para cualquier autista, incluso para cualquier persona. Ante la falta de respuestas concreta sobre su significado asumo que «buen comportamiento» significa complacer a la autoridad de turno aún por encima de las propias necesidades. Si no ¿Por qué no son capaces de especificar a qué corresponde? Quiero imaginar que es lo que Judy Endow llama «currículo oculto»,  aquellas normas sociales que supuestamente «se saben» o se entienden sin explicárselas a la mayoría. Pero en este caso creo que ni siquiera se saben. Se espera que entendamos la definición de «buen comportamiento» de cada autoridad y sepamos actuar de acuerdo a ello para complacerle.

Dice Alfie Kohn que los premios, las caritas felices entre ellos, no son diferentes a los castigos, sólo la otra cara de la misma moneda. Y tal como en los castigos, muchas veces son estrategias de control de comportamiento que no tienen en cuenta que el mal comportamiento en menores de edad por lo general es una RESPUESTA a un entorno hostil, no un ataque deliberado. Tanto exigir y premiar el «buen comportamiento» como reprimir y castigar el «mal comportamiento» se quedan en lo superficial, son soluciones simplistas y poco empáticas. ¿Por qué los rechazo?

  • «Buen comportamiento» no es lo mismo para todo el mundo. Es subjetivo y arbitrario. Puede cambiar radicalmente de acuerdo a la autoridad de turno. 
  • El premio, la carita feliz en este caso, suele no estar relacionada al comportamiento. Si no está definido en comportamientos específicos, preferiblemente acordados con la persona, lo que se busca es un complacer a la autoridad de turno. Y puede pasar que alguien, por complacer a la autoridad de turno, trate de ocultar sus gustos, preferencias, incomodidades. Se niega a sí misma por complacer a quien evalúa.
  • Para alguien que no es de neurotipo autista le es muy fácil creer que los comportamientos autistas son «mal comportamiento» y reprimir por ejemplo las estereotipias que son valiosas herramientas de autorregulación. O reprimir las crisis tipo meltdown dando el mensaje de que nuestro malestar no les importa.
  • Cuando la crianza o las terapias se centran en erradicar comportamientos, la causa raíz de los comportamientos es deliberadamente ignorada. Buscan conformidad en lugar de enseñar estrategias para hacer frente a las dificultades.

No creo que estas estrategias sean efectivas y beneficiosas para nadie a largo plazo. Para autistas como yo, pueden terminar siendo sentencias. Si tengo una crisis, o uso una estereotipia, es algo que no puedo evitar, y por tenerla o no poderla disimular me quitan privilegios, no me dan algo que quiero, así sea el amor o reconocimiento de mis padres u otras autoridades. Pierdo reconocimiento, muestras de afecto por tener un neurotipo diferente. Esto es una forma de decir que soy en esencia una «mala persona», que el neurotipo, que no puedo cambiar y es diferente al de una mayoría no me permite ser «buena persona». Significa que debo negar quien soy para ser aceptada. Y no logro ver esto sin creer que es discriminación. 

¿Por qué Autista?

En estos días me preguntaban ¿Por qué Autista? ¿Por que no explorar otras palabras que describan mi percepción del mundo? Imagino que quien preguntó no le parece una palabra adecuada para mí, quizás por que “sólo soy muy sensible” o por que “casi no se me nota”. Quizás porque aún tiene una percepción negativa o estereotipada de la palabra. Quizás crea que por lo flexible de nuestro cerebro pueda dejar de serlo si me lo propongo. Quizás teme a que la etiqueta me limite o piensa como cuando alguien que amo me dijo que no puedo ser “eso” (¿Qué no debe ser ni nombrado? En el que también explico por qué soy autista). De niña y adulta me consideraban torpe y nerd (sin que le dedicara mucho tiempo al estudio) entre otros adjetivos. Eso no describe con exactitud y objetividad mis diferencias, el ser autista si.

Yo creo que autista define muy objetivamente muchas características que me han acompañando durante toda mi vida. Describo algunas de ellas mientras aclaro la realidad sobre algunos de los mitos del autismo.

  • Hiperempatía emocional – siento fuertemente lo que otras persona sienten, me conecto con facilidad con lo que otras personas sienten. Me cuesta, en particular con personas no autistas la empatía cognitiva, saber que se espera que yo haga con esas emociones que percibo y siento aunque no son mías. Me pasa menos con autistas, con autistas lo que hago si es más lo que quisieran yo hiciera. ¿Curioso? No. Creo que es una muestra que no es un déficit sino una manera distinta de procesar la emocionalidad ajena y que compartimos muchas personas autistas. Se nos dificulta saber que esperan no autistas que hagamos con las emociones.  Ya he hablado antes del mito de la falta de empatía en autistas acá.
  • Chistes, bromas e ironías – No soporto ver programas de bromas,  chanzas, o que se basen en la inteligencia o su supuesta falta. Mi hiperempatía me ayuda a ponerme del lado receptor de la broma y desde ahí esos chistes pierden toda su gracia. ¿Pero es sólo una broma? No me causa gracia, me duele.
  • Diferencias en Teoría de la Mente – creo que está vinculada a la hiperempatía. En varias partes se define como la capacidad de ponerse en el lugar de otras personas. De poder imaginar que sus deseos, gustos y motivaciones puedan ser distintas  las nuestras. Me cuesta imaginar el por qué el no poder entender muchos comportamientos como los chismorreos, los tabúes, o el necesitar alardear de estatus social, entre muchos otros, se consideran un déficit. Y que nuestras sensibilidades sensoriales en cambio se juzguen como “persona quisquillosa”. Noten que en lo anterior se evidencia que la teoría de la mente falla mucho también por parte de no autistas hacia autistas. De lo contrario tantas terapias no se basarían en un intento de “normalización” que nos daña.
  • Currículo oculto – no me son claros los conductos regulares implícitos, hay muchas suposiciones que son claras para la mayoría que no lo son para mí. Los «es de conocimiento general» suelen no ser de mi conocimiento. En las situaciones sociales rituales, pésames, nacimientos, sacramentos religiosos varios, bodas, graduaciones y celebraciones varios comportamientos me son antinaturales. En muchas situaciones no falta el comentario en que me dicen de que no debí haber dicho o hecho algo, muchas veces no digo lo correcto (no le doy palabras políticamente correctas a lo que expreso sinceramente), aunque a veces sea porque me «traicionan» mis aspectos de función ejecutiva que describo a continuación.
  • Función ejecutiva – hay varios aspectos de función ejecutiva que me afectan. No tengo control de impulsos cuando estoy sobrecargada sensorial o emocionalmente. Puedo, de impulso, romper contratos, acabar relaciones, renunciar a cosas y personas importantes para mí. Creo en es que es lo único que me quitará el malestar. No puedo, en particular en esos momentos, disimular o cuidar mis palabras. También la función ejecutiva me afecta a nivel de planeación. En momentos de concentración puedo ser muy eficiente PERO al parecer es como si no tuviera elección sobre en qué tema concentrarme. Puedo tener una entrega prioritaria planeada y mi cerebro está concentrado en modo «investigación» en un tema no relacionado.  Inicio muchos proyectos que me cuesta ejecutar y terminar. Creo que la función ejecutiva también me dificulta hablar telefónicamente pues debo, en tiempo real, asumir información, planear una respuesta, construir un contexto que sí tengo en una conversación presencial. Me cuesta mucho más procesar información de un vídeo o audiolibro que la información escrita. Por escrito tengo en cambio tiempo para procesar, puedo borrar lo escrito antes de enviar, cosa que no puedo hacer con las palabras habladas, también se me facilita el lenguaje escrito por haber sido hiperléxica, amo y me es más cómodo el mundo del lenguaje escrito.
  • Sensibilidades sensoriales – para mí hay ruidos imperceptibles que me pueden ser insoportables, las voces en un restaurante lleno, la caída de agua en un baño sin ventanas, un computador encendido… Con algunos tipos de caricias puedo sentir que me raspan como lija. Para poder explicar algo necesito estar escribiéndolo. Para relajarme necesito movimientos de balanceo. No soporto  marquillas, elásticos, telas que suenen o huelan. Cuando hay mucho ruido o conversaciones paralelas me cuesta atender una sola conversación y gasto mucha energía en ello. Evito salir a medio día por el exceso de luz en mis ojos, en particular cuando se refleja en arena o agua. Me incomodan mucho más las sensibilidades táctiles que las auditivas, por eso no uso audífonos.  No tolero cargar con bolsos medianos o que hagan más peso de un lado que otro. Seguro mi “ira por hambre”, que puede pasar cinco minutos después de creer no sentir hambre alguna está relacionada a cómo proceso la interocepción.
  • Dispraxia – soy una persona que procesa el mundo desde la emoción, los sentidos y el movimiento de mi cuerpo principalmente. Desde el movimiento aprendo, cosa que no significa que sea hábil en los deportes. Coordinar movimiento, ojo, mano, objetos y personas externas tiene un desgaste mental importante, cosa que me hace ineficiente en dichas actividades.

Antes, casi toda mi vida, creí que todo lo anterior eran defectos y fallas de carácter, muchos. Hoy he encontrado muchas personas que han vivido como yo con estas características que para mí hoy ya no tienen cargas positivas ni negativas, son. Estas características me describen sin invalidarme. Y puedo, a un costo energético o emocional importante, esforzarme para que no se noten mucho, para que no incomoden  a los demás, para tener la eficiencia y productividad de la mayoría. Hoy elijo limitar esos esfuerzos a contadas situaciones con el fin de no dejar que mis tiempos propios sean permanentemente absorbidos por la recuperación que me toma el esfuerzo de que sean imperceptibles.

Esta soy yo, AUTISTA. No quiero tener que describir todas esas y más características, serían muchas palabras y cada una por si sola no describe la totalidad de mi experiencia cuando SI existe existe esa palabra. Esa palabra es coherente, amplia, específica, objetiva, adecuada y no valenciada, es AUTISTA. No encuentro motivos que tengan valor para mí por los que sea mejor buscar otra.

 

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[Descripción de la imagen: Fondo negro con un óvalo relleno de palabras “en nube” de distintos colores y tamaños en una fuente cursiva. Entre las palabras se destacan “autistas” en  color celeste, en el centro y con orientación horizontal y “personas” en color amarillo y al lado izquierdo, con orientación descendente diagonal.]

Autismo y Conflictos con «La Conciencia»

Acaba de terminar abril. El mes de «La concienciación sobre el autismo». Este abril me llegaron de contactos cercanos los siguientes temas:

  • La única terapia científicamente probada para el autismo es ABA
  • Las dietas libres de gluten y caseína curan el autismo
  • Las causas del autismo y sociedades donde supuestamente no hay autismo

Muchas personas autistas odiamos el mes de abril por esto. La concienciación del autismo es una guerra. Es una guerra contra aquello que está engranado en nuestra neurología, contra la esencia de lo que somos. Una guerra contra AUTISTAS aunque no lo digan directamente. Aunque no se permitan reconocerlo. Desde las conspiraciones de muchos grupos necesitamos ser arreglados, curados o eugenizados. No se entiende el paradigma de la neurodiversidad desde esa perspectiva, y sospecho que es beneficioso para ciertos sectores que no se entienda.

Ya he hablado previamente de ABA que es una forma extrema de conductismo. No voy a ampliar mucho más sobre el tema más allá de que lo que se mide como científicamente probado rara es en términos de bienestar, sino en términos de parecer neurotípicos y sin tener en cuenta el costo emocional y energético para autistas.

Con respecto a las curas. Sean cuales sean implican que somos personas enfermas. Sin importar si son dietas, conciencia de conflictos transgeneracionales, quelación, enemas de cloro, terapia electroconvulsiva, ver Peppa Pig o cualquier otra de las que se inventan cada día, implican que somos personas enfermas e impiden considerar hablar con esas u otras personas autistas sobre el tema desde una conexión auténtica y compasiva. Para ellos somos un mal a erradicar, una falla, un defecto, una abominación, el autismo es incompatible con el ser humano y por tanto hacen tantas maromas para, al menos desde el lenguaje, separar a la persona del autismo. Cuando nos ven así y hacen lo posible por «curar» no hay empatía, no se preocupan por ver las cosas desde nuestra perspectiva. Desde esa visión se valora erradicar comportamientos (a veces de las maneras más violentas e ilógicas), o directamente erradicar a la persona antes de investigar a qué reaccionamos o cómo vemos una situación. Por otro lado en los grupos autistas es habitual encontrar personas que supuestamente perdieron su diagnóstico, fueron «curadas» en su infancia y crecieron pensando que estaban rotas hasta descubrir nuevamente su neurotipo. Hubieran preferido conocer su identidad a que les ocultaron al supuestamente «ser curadas».

Algo parecido pasa con las causas del autismo. Yo creo, y la mayoría de estudios serios coinciden,que hay un muy importante componente genético. La mayoría de quienes hablan de causas lo hacen desde el imponer una forma correcta de hacer las cosas y demonizar lo contrario. Lo hacen, quizás sin querer, usándonos como objetos en lo que promueven sus campañas y su activismo. Se nos usa haciendo correr la voz de que somos la plaga a evitar y hasta la muestra que como sociedad vamos en mal camino. Teorías que van desde «la madre refrigeradora» en sus distintas versiones donde el autismo es causado por falta de afecto hasta que las vacunas causan autismo, entre muchos otros terrorismos varios que nos deshumanizan y hasta nos llegan a matar. Desde esos activismos sólo somos objetos desde los cuales se infunden temores para convencer al mundo sobre las supuestas consecuencias de no hacer lo que se predica desde sus creencias.

Yo creo que que el autismo como neurotipo ha existido siempre. Y gran parte de los problemas que tenemos es que la personas sólo vean como autismo una versión estereotipada del autismo fruto de ciertas campañas de concienciación. Me pregunto a cuantas de tantas personas autistas con grandes necesidades de apoyo lo que más les discapacita no es el autismo en sí sino las necesidades sensoriales que no logran expresar, las dificultades de comunicación a las que no se han brindado alternativas efectivas o las comorbilidades que no se han atendido. Veo consistentemente entre quienes abogan por una cura hablar de epilepsia (una comorbilidad, no característica autista), jugar con heces (pasa muchas veces por sensibilidades sensoriales) y autoagresión (me pasa a mí cuando creo no estar sincronizada con el mundo, una respuesta a lo que me agrede, no al autismo). Por otro lado sobre la supuesta epidemia, el supuesto aumento en los de casos de autismo, se debe a mejores criterios diagnósticos, a que hoy se incluyen en el diagnóstico más niños que antes se consideraban simplemente «raros». Antes había más tabú hacia estas diferencias y muchos niños eran escondidos o se institucionalizaban. Me imagino que algo así pasa aún en sociedades menos industrializadas. A los diferentes los mataban, exiliaban, maltrataban, quizás en el mejor de los casos, se les daba un lugar de acuerdo a sus habilidades: exploradores, chamanes, brujas, sacerdotes, inventores o quizás hasta líderes. No había criterios diagnósticos, por tanto, así como hace cien años no había autismo por que no se reconocían las características, lo mismo pasa en esas sociedades. Eso no significa que no hubiera autismo, significa que antes no había nombre para nuestro neurotipo, para nuestras características.

Hoy el activismo prevalente es el de familiares, terapeutas y pseudocientíficos que buscan nuestra desaparición ya sea con eugenesia, curas o terapias de conversión. Su activismo se basa en promover terapias que nos maltratan y hasta nos matan. Su activismo se basa en mostrarnos como una carga para la sociedad, como una situación peor que la muerte para las familias. Su activismo terrorista nos hace daño y es incompatible con la empatía hacia nosotros o con la aceptación.

Quisiera que el activismo autista prevalente fuera un activismo de aceptación, de promoción de las voces autistas, de la búsqueda de ayuda real para cada persona autista de acuerdo a sus necesidades, necesidades reales no las percibidas desde una subjetividad neurotípica. Quisiera un activismo desde lo que somos sin valenciar, no desde los que supuestamente nos sobra o falta y veo muy pocas voces autistas en nuestro idioma que compartan mi visión.

[Descripción de imagen: Fondo en tono beige con el siguiente bloque de texto en color rojo oscuro inclinado hacia abajo : “La concienciación del autismo es una guerra. Es una guerra contra aquello que está engranado en nuestra neurología, contra la esencia de lo que somos. Una guerra contra AUTISTAS aunque no lo digan directamente.” Abajo, sin inclinar la dirección http://AprenderAQuererme.com]

El Movimiento de la Neurodiversidad

Nota de contenido: Mención de abusos, incluyendo asesinatos de personas autistas. 

Está semana me he visto, otra vez, un par de veces aclarando qué NO es la neurodiversidad. Y vi  que gran parte del problema es que se trata de una palabra que se usa mucho y se entiende poco, se usa de manera muy a la ligera, aún por quienes creen ser activistas del Movimiento de la Neurodiversidad.

Un buen lugar para empezar a entender lo que sí significa neurodiversidad son las definiciones que hay en la página Neurocosmopolitanism y traducidas en Neurodivergencia Latina. Hay muchas páginas en inglés que sigo y recomiendo y ninguna tiene esa visión de la neurodiversidad que tanto critican los opositores. Mis favoritas son Unstrange Mind,  Ollibean, Judy Endow, Un-Boxed Brain, Respectfully Connected. Hay demasiado pocas en nuestro idioma. Quizás sólo Autismo, Liberación y Orgullo (donde escribo con mi amiga Sara) y Neurodivergencia Latina comparten mi visión. Neuroawesome y Al Otro Lado del Espectro son páginas también cercanas a mi perspectiva. La mayor parte de páginas que conozco en castellano son de padres o terapeutas que hablan de autismo desde el paradigma de la patología,  o sin aceptar a las personas autistas como interlocutores válidos al hablar sobre autismo. Sí, hay más autistas o Asperger que escriben blogs y libros, la mayoría los veo muy apegados al paradigma de la patología, hablan mucho desde el capacitismo internalizado, de fomentar el tener que esforzarse para parecer neurotípicos,  hablan desde los activismos de sus familiares y terapeutas, de la carga que somos para la sociedad, del creer requerir caridad más que aceptación o desde el supremacismo Asperger. Quizás sea este supremacismo Asperger, esta triste división del autismo en castas, el motivo por el cual se malinterpreta lo que es el Movimiento de la Neurodiversidad. La gran mayoría de páginas en castellano, están aún muy lejos de entender lo que es la neurodiversidad, lo que busca el movimiento, lo que promueve el nuevo paradigma y se quedan con una versión del autismo que en particular yo no comparto.

Quisiera que quienes critican el Movimiento de la Neurodiversidad al menos citaran las fuentes de donde tomaron aquello que imaginan del Movimiento de la Neurodiversidad. Lo que critican es tan diferente al movimiento que yo conozco y del que soy activista. Mi privilegio es saber inglés y por ello poder ir a tantas fuentes con tanta experiencia y con tanta pasión por lo que sí es el Movimiento de la Neurodiversidad. Este movimiento en el que buscamos la aceptación y el bienestar de TODOS los autistas y no sólo aquellos con privilegios de comunicación o con un alto coeficiente intelectual, medición que considero además bastante arbitraria y cuyo valor social considero bastante sobrevalorado.

El Movimiento de la Neurodiversidad está definido así por Nick Walker en Neurocosmopolitanism.

« El Movimiento de la Neurodiversidad es un movimiento de justicia social que busca derechos civiles, igualdad, respeto y plena inclusión social para los neurodivergentes.»

De acuerdo a esa definición me es difícil creer que algún autista, padre o terapeuta esté en contra del Movimiento de la Neurodiversidad. Estoy segura que las voces en contra del movimiento también quieren  «justicia social que busca derechos civiles, igualdad, respeto y plena inclusión social para los neurodivergentes». Sin embargo parece haber ciertas creencias instaladas sobre el movimiento que crean una brecha entre lo que es el Movimiento y lo que se critica sobre él.

El paradigma de la neurodiversidad está definido, también por Nick Walker, de esta manera:

El paradigma de la neurodiversidad es una perspectiva específica sobre la neurodiversidad – una perspectiva o enfoque que se reduce a estos principios fundamentales:

1.)    La neurodiversidad es una forma de diversidad humana natural y valiosa.

2.)    La idea de que hay un tipo de cerebro o mente “normal” o “saludable”, o un estilo “correcto” de funcionamiento neurocognitivo, es una ficción culturalmente construida, no más válida (y no más propicio para una sociedad sana o para el bienestar general de la humanidad) que la idea de que hay una etnicidad, género o cultura “normal” o “correcta”

3.)     Las dinámicas sociales que se manifiestan en relación a la neurodiversidad son similares a la dinámica social que se manifiesta en relación a otras formas de diversidad humana (por ejemplo, diversidad de etnicidad, género o cultura). Estas dinámicas incluyen las dinámicas de desigualdades de poder social, y por tanto la dinámicas por las cuales la diversidad, cuando es aceptada, actúa como una fuente de potencial creativo.

Efectivamente visto desde el modelo social de la discapacidad,   el paradigma de la neurodiversidad sí surge en contraposición al paradigma de la patología y sí busca despatologizar las definiciones del autismo. Los autistas no somos enfermos o anormales, SIN QUE ESTO SIGNIFIQUE que el autismo sea inherentemente bueno o positivo y SIN QUE ESTO SIGNIFIQUE que ser autista no signifique estar discapacitado. Creo que aquí está gran parte de lo que los críticos al movimiento de la Neurodiversidad no logran entender, que la no patologización del autismo NO ES LO MISMO que ver el autismo desde una perspectiva únicamente positiva o azucarada.

Dicen que el Movimiento de la Neurodiversidad no está teniendo en cuenta a autistas no hablantes (mal llamados con frecuencia de bajo funcionamiento), sólo a una élite de autistas con altas capacidades intelectuales. Esto simplemente no es cierto. Autistas no hablantes, que fueron no hablantes durante su infancia o que son intermitentemente no hablantes, son pilares en el Movimiento de la Neurodiversidad y nos informan de cómo han sido afectados por las diferentes terapias y tratamientos que han recibido, que les fue útil y qué les hizo daño. Hablamos CON autistas y no DE autistas. El Movimiento de la Neurodiversidad existe para que TODAS las personas autistas tengan los mismos derechos que tienen por lo general las personas no autistas. TODAS. Sin excepción. Buscamos que la voz, las palabras, de los autistas no hablantes y con distintas dificultades en su vida diaria, sean particularmente apreciadas y amplificadas. Lo que sí rechazamos es las voces de las familias que promueven la visibilización del autismo desde la perspectiva de la tragedia que es para la familia y sociedad, SIN SER EMPÁTICOS con los sentimientos de los autistas, sin hacer esfuerzos para entender el origen o la funcionalidad de los comportamientos autistas o sin presumir competencia. Es triste que no logren creer que desde ahora o algún día sus hijos puedan ver o percibir su percepción, palabras o publicaciones diarias en los que muestran la gran tragedia que son sus hijos para la familia o sociedad. 

Dicen que el Movimiento de la Neurodiversidad idealiza el autismo como algo positivo. El Movimiento de la Neurodiversidad dice que las personas autistas merecen los mismos derechos que cualquier otro ser humano. El autismo por otro lado no es algo bueno ni malo sino algo que explica, sin valenciar (poner carga positiva o negativa), el modo en que funcionan nuestros cerebros. No es ni positivo ni negativo. Es. Gran parte de nosotros creemos que la experiencia de ser autista es más agradable desde la aceptación de quienes somos que si estamos en permanente esfuerzo por parecer no autistas. Esto NO SIGNIFICA que el autismo sea inherentemente positivo.

Dicen que el Movimiento de la Neurodiversidad se opone a todo tipo de tratamientos y terapias. El Movimiento de la Neurodiversidad se opone a todo tipo de tratamientos ABUSIVOS, incluyendo terapias conductistas que buscan que la persona reprima comportamientos autistas que nos autoregulan (stimming) o a simular comportamientos no autistas que nos hacen daño (forzar contacto visual), que busque reprimir las crisis sin investigar sus causas, el uso de enemas de cloro que pueden incluso causar la muerte, electroshock, quelación, ingestión de curas milagrosas, terapias intensivas de 40 horas semanales, etc. Muchos autistas integrantes del Movimiento de la Neurodiversidad recibimos terapia psicológica o psiquiátrica, incluso farmacológica, para mejorar nuestra calidad de vida y atender las diferentes comorbilidades (ansiedad, depresión, epilepsia, entre muchas otras) que pueden acompañar nuestra experiencia autista. 

El movimiento denuncia que muchas terapias tienen como objetivo que el autismo no se note sin tener en cuenta el costo emocional y en bienestar de simular permanentemente no ser autista. Hay autistas con síndrome de estrés postraumático originado por algunas de estas terapias. El movimiento de la Neurodiversidad no está de acuerdo con que la apariencia de normalidad esté por encima del bienestar general de una persona. Porque a nadie hace daño real que una persona no mire a los ojos, o se balancee, o tenga audífonos anti ruidos, o use ropa cómoda aún en reuniones formales, tenga el pelo largo o use medios alternativos de comunicación. A nadie hace daño real. Hace daño a el ego de quien cree que las construcciones sociales arbitrarias están por encima del bienestar de un ser humano al que las formalidades arbitrarias sí pueden estar causando dolor o malestar. 

Dicen que el Movimiento de la Neurodiversidad se opone a la búsqueda de una cura. El Movimiento de la Neurodiversidad se opone a grupos que incitan al miedo a lo que significa ser autista con el fin de recaudar fondos para crear supuestas curas o la búsqueda de un marcador genético. No creemos que el mundo sea un mejor lugar sin autismo y creemos que en lugar de invertir la mayor parte de los recursos en evitar el nacimiento de personas autistas se puede hacer mucho por mejorar la vida de las personas autistas en la actualidad con adecuaciones o terapias que efectivamente mejoren su calidad de vida.

Dicen que el movimiento de la Neurodiversidad niega las dificultades de los padres o su derecho a expresarlas. El movimiento busca que el derecho de los padres a expresar su frustración no sea a expensas de los derechos de sus hijos. Muchos padres publican las crisis de sus hijos,  publican situaciones privadas, publican que su vida es una tragedia por culpa de sus hijos.  Muchos de estos padres mártires no logran entender que la situación es aún más dolorosa y frustrante para sus hijos. 

Son muchos los autistas asesinados por sus padres o cuidadores y las penas a estos asesinatos son mínimas gracias a la creencia que somos una gran tragedia para la sociedad. Cada vez que hay una masacre o un asesinato que causa indignación social sale el autismo a relucir como posible causa del comportamiento del delincuente. Cuando un policía llega a “atender” una situación de crisis autista con cierta frecuencia el autista termina asesinado por las autoridades. Esto es muestra de que nuestros derechos actualmente no son iguales a los de la mayor parte de la población. Esto es lo que queremos cambiar. 

neurodiversidad

 [Descripción de la imagen: nube de palabras en diferentes colores entre las que resaltan por su tamaño Neurodiversidad, Movimiento y Autistas]

Palabras que Me “Hacen Ruido”

Opresión y activismo son palabras que suelo evitar porque me hacen mucho ruido. Y ese ruido viene del pensamiento que hablar con estas palabras es jugar el juego del gato y el ratón,  del perro de arriba y el perro de abajo, es jugar el juego de víctimas y villanos. 

El problema es que sí veo los juegos de poder. En mí y en otros. Y no nombrarlos hoy creo que los perpetúa en lugar de debilitarlos. No nombrarlos no facilita el darme cuenta o que otros los hagan conscientes. No nombrarlos o imaginar que no existen es meter los juegos de poder bajo la alfombra. Es negarlos, y lo que he negado en mí suele salir haciendo daño.

Ayer me llegó nuevamente el mensaje de que no me deje dominar por el juego al gato y al ratón.  Y hoy me di cuenta que para dejar de jugar el juego tengo que darme cuenta que lo estoy jugando. Reconocer el juego del gato y el ratón me evita la negación de que existen gatos, ratones y juegos de poder entre ellos. Nombrar el juego me ayuda a dejar de jugarlo. No me hace víctima, no me hace villano. Me hace consciente del juego, me hace consciente de que es un juego, puedo elegir jugarlo o no y eso me ayuda a trascenderlo. 

Existen patriarcados y kiriarcados y muchos otros  juegos de poder jerárquicos. Existen las opresiones y podemos reconocerlas y luchar contra ellas y eso algunas veces o es inútil o les da más poder del que les quita. Darles nombres y evidenciar sus mecanismos no me hace su víctima. Yo hoy no necesito indignarme y luchar y sí necesito nombrarlas. Tengo alternativas y otras herramientas a la lucha. Para luchar necesito creer que las jerarquías me quitan algo como persona, me restan un valor intrínseco. Para luchar necesito creer que sin lucha no tengo poder, que algo me falta, que soy escasa. Y elijo no creerlo hoy, no elijo luchar hoy. Elijo nombrar y soltar. 

Mi activismo es nombrar. Evidenciar lo oculto para que otras personas puedan elegir si juegan o no. Mi activismo es construir mecanismos para capacitar, para habilitar. Yo muestro lo que veo. Yo exploro alternativas y oportunidades en que podamos ya sea evitar la injusticia social o para trascenderla para mí y para otros, sin dividir al mundo en los buenos y los malos. Yo expreso mis dificultades y mis dolores. No como queja ni porque crea  que la los demás me ataquen, sino para que otros puedan elegir consientemente si apoyan al sistema en alguna de sus formas de opresión, como es creer que hay jerarquías de personas.

Hablo de machismos y micromachismos. Porque nombro los mecanismos sociales que hacen de la mujer un objeto tantas veces propiedad de alguien más. Los mecanismos sociales que invisibilizan el esfuerzo extra que tantas veces tenemos que hacer para ser tratadas con dignidad. Hablo de los esfuerzos extra que he tenido que hacer por ser mujer para que mis ideas sean tenidas en cuenta, para que mis deseos profundos y los límites qué necesito no sean desestimados como “necedades de mujercita”.  Porque aún hoy al pedir consentimiento  o poner los límites que necesito en un momento dado me tachan de feminazi.  Porque hoy si una mujer es abusada o asesinada no falta quien diga que se buscó la violencia ejercida contra ella. 

El capacitismo no es un invento, no es una excusa. Existe la discriminación hacia la discapacidad. La vida de los discapacitados vale menos. Por eso las tantas veces absurdas sentencias a los padres que asesinan a sus hijos discapacitados. Por eso son legales o socialmente aceptables “terapias” abusivas.   Hoy si alguien quiere insultar a otro demasiadas veces usa una discapacidad para hacerlo.

Existe la homofobia. Existe el racismo. Me duelen aunque en estas áreas tengo privilegio en mi país.  Trato de ser traidora a mi privilegio usando mi privilegio para que para otros  sea visible la opresión.

Aún leo y oigo varias veces al día que se insulta a otros identificándolo con características de una comunidad discriminada. 

Dicen para insultar:

– Pareces una nena

– No seas marica

– Tan idiota/retrasado

– Pero qué indio

– Su comportamiento es autista/ bipolar/ esquizofrénico

La opresión existe porque no todas las personas tienen en la práctica los mismos derechos y oportunidades. Porque las ideas no son recibidas de la misma manera si provienen de una comunidad discriminada. Y puedo denunciar la opresión sin ponerme en lugar de víctima. Puedo denunciar actitudes discriminatorias hacia mí. Pedir respeto cuando yo o mi comunidad somos tratados, no como seres humanos, sino como cosas, insultos o chistes no es ser necia ni quisquillosa. Es visibilizar una situación cultural que hace daño y pasa desapercibida para ti por tus privilegios. Y a veces ni siquiera son privilegios reales. A veces sin serlo pasamos por no discapacitados, por heterosexuales, por blancos, sin serlo. 

Si, soy activista. Sé que tu discriminación y la mía propia no es por lo general consciente ni con el objetivo de causar daño.  Al mostrarte que discriminas no te estoy diciendo que eres el villano, o que estás contra mí,  estoy haciendo visibles mecanismos de opresión que hoy no ves. 

[Imagen: Fondo abstracto en tonos pastel con texto en mayúsculas en tono rojizo que dice: “Para que otros puedan elegir consientemente si apoyan al sistema en alguna de sus formas de opresión, como es creer que hay jerarquías de personas.”]

“Ella se lo buscó”

 

“Ella se lo buscó”…

Así ven tantas personas la violencia machista. “Es lo normal”. “Es lo socialmente aceptado.” “Son cosas de varones.”

Y es una forma de culpar a la víctima. Las excusas por las que dicen que “ella se lo buscó” son varias:

  • Por la forma en que estaba vestida.
  • Por que estaba borracha.
  • Yo sé que en el fondo eso quería.
  • Es que las mujeres cuando dicen “no” en el fondo es que “si”.
  • Es que ella lo invitó a su casa y debía imaginar sus intenciones.
  • Es que un entre un hombre y una mujer solos “pasan esas cosas”.
  • Es que los chicos siempre serán chicos.
  • Porque no se portó como “mujer decente”.

Las excusas hay por montones.

Les doy una noticia: Las mujeres no somos objeto para su placer o comodidad. Ni siquiera la esposa o la novia. Y sí, las mujeres somos también machistas criadas en una sociedad machista. Y sí, reproducimos ese machismo. No lo niego. Y por esta sociedad patriarcal  muchas creen que su razón de existir es ser deseadas. Y muchas creen que necesitan vestir de cierta manera para ser vistas creyendo que al ser deseadas les están haciendo un favor. Otras simplemente aman su cuerpo desnudo y sentirse libres de ropa y no están dispuestas a sacrificarse por una falsa modestia. Unas dicen cosas para llamar tu atención y otras son malinterpretadas cuando sólo querían ser amistosas. No se lo buscó la que posa desnuda para Nu-Project, ni la que posa desnuda para Playboy, ni la que jamás posaría desnuda. Ninguna “se lo buscó”.

Y  me dicen algunos hombres que tengo una opinión radical por decir esto, que para mí significa que las mujeres tengan igualdad de derechos que los hombres. ¿Si a un hombre le roban el auto y estaba borracho cuando eso ocurrió le bajan la pena radicalmente al ladrón? Difícilmente. ¿Si un hombre viola a una mujer incluso causándole maltrato físico le bajan la pena radicalmente al delincuente? Con demasiada frecuencia. ¿Es esto igualdad de derechos? No lo es. Lo es menos teniendo en cuenta el impacto psicológico que implica la agresión sexual en un ser humano. 

¿Por esto soy radical? ¿Radical es que las mujeres tengan los mismos derechos de los hombres? ¿Radical es que una mujer no sea tratada como persona sino como un objeto o un valor? ¿Radical es creer que el valor de una mujer no está atado a a la manera en que expresa o no expresa de su sexualidad? ¿Radical que una mujer sea dueña de su propio cuerpo y pueda decidir si lo muestra o no, si quiere depilarse o no, o a no permitir ser discriminada por los arbitrarios estándares de belleza? ¿Radical es creer que debemos ganar el mismo sueldo por hacer el mismo trabajo que los hombres? ¿Radical es creer que el cuidado de los hijos y la casa debería ser por igual y que el que un varón lo haga no es como “ayuda” sino por que también es su responsabilidad? ¿Radical es creer que siendo adulta y responsable tengo el mismo derecho que un hombre a salir con amigos y amigas y  llegar a casa más tarde que la Cenicienta o no llegar hasta el día siguiente y que mi pareja no me tache de mala persona por hacerlo? ¿Radical es no creerme merecedora de maltrato físico o emocional por parte de ninguna persona?

No es radical. Es tener los mismos derechos. Es valorarme como ser humano.

No es radical ser feminista mientras los existan privilegios para otros en el mundo únicamente por ser varón.

Conozco demasiados abusos contra las mujeres. Demasiados abusos sexuales. Mujeres que no han podido decir “no” a contacto sexual no apropiado. No han podido decir “no” porque el abusador era de la familia, incluso hermanos, abuelos y hasta padres. No han podido decir “no” porque con ello pierden el trabajo que le da subsistencia a sus hijos. No han podido decir “no” porque el abusador está en situación de poder sobre ellas. Y no, no son casos aislados,  son casos callados. Esto ocurre no por que la mujer “se lo busque” sino porque nuestra sociedad nos inculca que los hombres tienen derecho sobre el cuerpo de las mujeres. Y son callados porque en el proceso de denuncia las mismas autoridades y hasta la familia asumen que la culpa es de la víctima. Dicen “ella se lo buscó”. Los abusadores manipulan y es habitual que incluso la víctima se sienta culpable. Y tampoco son monstruos o escasos estos abusadores, suelen ser personas “de familia”. Haz las cuentas. Si al menos una de cada 10 mujeres ha sido abusada sexualmente en su vida, eso significa que es altamente probable que haya abusadores en tu trabajo, en tu vecindario, en tu familia.

Y esto sobre violencia sexual y emocional, que es lo que conozco. Quizás mis privilegios de clase me han hecho menos conocidos los casos de violencia física. Violencias que también se justifican con un “ella se lo buscó”. Por que tantos creen que por su género tienen autoridad de maltratar o corregir el comportamiento de su pareja.

Cuando dices “ella se lo buscó”, cuando justificas los “alardes de varones” como cosas “normales” de tu género.Me pregunto si detrás del “ella se lo buscó” justificas abusos que has cometido. Y aún si no, estás perpetuando esta cultura de la violación. Estás perpetuando la idea que los cuerpos de las mujeres existen exclusivamente para el disfrute de los hombres. Estás diciendo a tus descendientes de género femenino que es su culpa el abuso que pudieran llegar a recibir. Estás diciendo a tus descendientes de género masculino que es “normal” y hasta motivo de alarde usar para su placer o beneficio el cuerpo de las mujeres sin su consentimiento explícito.

Y si. También hay violencia contra los hombres. Y el machismo también priva al hombre de muchos derechos. Y si. También hay hombres abusados. Muchos. Y tal vez los casos son aún más callados. Y son muchos, muchísimos los abusos contra algunas minorías y  grupos no privilegiados. Y su comentario fue contra las mujeres. Por eso les respondo con detalles sobre mujeres sin que esto signifique que contra los hombres y otros grupos no hay injusticia social. Mi escrito es para que sean conscientes que para mujeres hay una injusticia social que al parecer no les es conocida. Ojalá se dieran cuenta de esto quienes me acusan de radical.

¿Qué hago yo para cortar con esto? Escribo sobre la realidad del abuso. Realidad que conozco directamente de demasiadas víctimas. Esta realidad no son exageraciones de feminazi son vivencias de muchas mujeres que conozco, muchas de ellas muy cercanas a mí. Son realidades de muchas mujeres. Cuido mi cuerpo y evito someterme a presiones sociales sobre mi cuerpo.  Le enseño a mi hija y a mi hijo que ellos y solo ellos pueden dar consentimiento sobre su cuerpo. Que tienen derecho a decir “no” aún sobre besos de saludo, abrazos o cosquillas. Les enseño que si no son amados tal como son no deben someterse. Les hago notar cuando adultos y otros niños tratan de sacar provecho de ellos, manipularlos o maltratarlos “en nombre del amor” o de la amistad. Y sé que a pesar de mis cuidados quizás no sea suficiente.

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Imagen tomada de Infobae.com.

[Imagen de un mapamundi con los siguientes textos “1 de cada 3 mujeres en todo el muno será víctima de violencia física y/o sexual al menos una vez en su vida.” y “El mapa presenta la prevalencia de violencia de género por región de la Organización Mundial de la Salud (OMS).]

Digo SI a la confianza. 

Mi país dijo NO a las FARC. En gran medida dijo si al miedo y al terrorismo (según mi definición en esta entrada). También dijo si a la violencia como escenario de “solución” de conflictos. En gran medida dijo sí al querer desaparecer a otro antes de estudiar la posibilidad de sentarse a hablar en la misma mesa o en el mismo congreso. 

Yo dije sí al plesbicito. Dije sí sabiendo que para mí el proceso de paz es conmigo misma. Y que cada día me animo más a acompañar a otros a encontrar esa paz consigo mismos, a comprometerse en un proceso de aprender a quererse.

En estos días me muevo mucho en la polaridad confianza – miedo. Y desde el miedo quiero tener el control. Quiero saber, quiero poder predecir el futuro. Desde el miedo quiero poseer y quiero ocupar. Temo no ser reconocida. Desde el miedo están las expectativas y la frustración cuando no se cumplen. Desde el miedo vivo en amargura y prisa. Ocupo espacios compulsivamente, sin disfrutarlos. Desde el miedo también me escondo. El miedo y la desconfianza son invitados frecuentes en mis clases de Movimiento Vital Expresivo. Son lo conocido en mí. Me muevo mucho menos desde la confianza.

Y confío. Confío en la resiliencia de los seres humanos. Confío en que la vida me mueve de los lugares a los que llego desde el miedo o desde los “deberes ser” impuestos. Confío en que el placer es señal de bienestar. Confío en mi intuición y en mi sentir. Confío en mis emociones como mensajeras y ya no las veo como enemigas. Confío en que puedo encontrar el equilibrio sólo con “estar” sin necesitar el “empuje” del “hacer compulsivo” y de la ilusión que es la búsqueda del logro. 

Confío. Y busco en mí las sensaciones corporales que me invitan a la confianza. El sentirme sostenida hasta por el aire. El reconocer mis pies como raíces profundas. El ser una con la tierra, madre tierra y al tiempo ser chispa divina. Confío en el alma de mi hija que me dice que estamos más protegidos de lo que creemos y que esa protección es dulce y placentera. Confío en el alma de mi hijo que me dice que no luche contra las olas de caos sino que me deje llevar. Confío en tantas voces que hoy son mis tribus. Y confío en que hoy puedo cada vez más ver al otro como otro en lugar de antagonista.

Confío. Y me comprometo a explorar cada día más esa confianza, habitarla.

Hoy elijo confiar.

[Descripción de la imagen: imagen con fondo azul con textura y el texto “Confío. Y busco en mí las sensaciones corporales que me invitan a la confianza. El sentirme sostenida hasta por el aire. El reconocer mis pies como raíces profundas. El ser una con la tierra, madre tierra y al tiempo ser chispa divina. “]

Ser o No Ser

“No estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.” – Fritz Perls

A pesar de nuestros esfuerzos, la vida nos empuja a ser quienes somos. Aquello que queremos ocultar sale de las maneras menos socialmente aceptables. Tristeza, rabia, torpeza, ira, falta de energía, pereza. Muchas de esas emociones que algunos consideran negativas.

En estos días se presenta como torpeza social para mí. 

Intento ser socialmente agradable. Tanto que cuando estoy pendiente de ello puedo ser exagerada. Me decía mi hermana si entre clase y clase de la universidad tenía que saludar a tanta gente. Y cuando la energía, las cucharas, no me alcanzan puedo ser la más antipática. No saludo, no me despido. O lo hago dos veces. No sé si saludé o no. Siempre trato de decir lo suficiente y correcto de no dejar a nadie mal con mis palabras.  Evito mucho hablar de otros. Y cuando no tengo energía digo lo políticamente incorrecto sin filtro. Puedo ser muy imprudente.

Me muevo aún entre los extremos de ser querida por todos y querer ser invisible. Por suerte, cada vez más encuentro personas con quien puedo ser yo misma, mostrarme como soy aunque me haga vulnerable. Ya poco me muevo desde el miedo. Si digo algo es porque es mi verdad, en esta hora y lugar. No es por mostrar tener la razón. No es por tratar de defenderme. No es porque me sienta atacada. Si digo que algo me duele, es porque me duele. Nombrar un dolor no es decir que otro me lo causó. No es para que un otro me quite el dolor. Nombrar un dolor es darle espacio en mi vida para que no se enquiste. Es reconocer mis límites. Es reconocer que algo que no está aún procesado en esta espiral de vida. 

Y es difícil cuando es un dolor compartido por muchos. A veces hablo por muchos, soy la activista. Ese personaje que no me gusta ser y lo soy. Ese personaje que se percibe quejoso cuando nombra un dolor de su gente. A veces quejoso aún para esa gente por la que habla. Porque hay personas que ante el dolor, deflectan, lo desvían. Hacen chistes sobre el dolor para no sentirlo.  Intelectualizan el dolor para minimizarlo. Se indignan para que otro les quite de encima su dolor. Lo ocultan pensando que otros pueden sacarle partido. Ante el dolor, yo hoy lo siento. Yo hoy lo nombro. Lo intento al menos. 

Y a veces, quien creí que podía entender mi dolor, quiere que lo “procese” de otra manera. 

Que lo oculte. 

Que lo supere. 

Que lo nombre sólo en privado.  

Que no lo  incomode con mi dolor.  

Que lo trascienda. 

Yo ya no estoy en posición de “no ser”. Ya no quiero “no ser” para no incomodar a otros. Quiero ser con toda mi grandeza. 

Aunque siendo, a quienes aprecio, incomode.