Deseos, necesidades y límites.

Muchas veces me es difícil definir que es una necesidad y qué es un deseo. Creo que porque, en pos de evitar conflicto, he negado uno u otro. Creo que hace un tiempo escribí sobre lo mucho que me cuesta desear, pensar en mí misma, encontrar gozo en la vida. Creo que esto me pasa porque mi “necesidad” luego de las necesidades básicas era evitar conflicto. Era evitar la sensación que me da el cortisol en mi cuerpo, evitar las situaciones de pelea, huida, congelamiento (fight, flight or freeze). Era evitar las situaciones en que la amígdala, el cerebro reptiliano, toma el control y yo actúo desde el instinto más primal de supervivencia.
Dicen que las necesidades básicas son las fisiológicas, respirar, comer, beber, etcétera. Dicen que estas últimas son necesarias para la vida. Por lo general, no se incluye amor o el afecto acá. Sin embargo se sabe que a un bebé que no se le muestra cariño se muere (Depresión anaclítica de Spitz). Hay estudios que muestran, aunque Alice Miller lo haya expresado mucho antes, que para desarrollar en un niño la resiliencia a pesar de las dificultades y traumas de su infancia requiere la presencia estable y comprometida de un adulto cuidador. Si, a pesar de la creencia popular, extendida incluso por algunos psicólogos, que para que un humano se convierta en un adulto “exitoso” se le deba exigir de manera implacable e incluso maltratar física o emocionalmente para que distinga «el bien del mal», «sepa quien manda» o simplemente para que “encuentre sus propios recursos”, se requiere en cambio atención, afecto y cuidado para que una persona salga adelante. Cuando alguien pide amor o afecto, no pide un lujo, pide lo que necesita.
Por eso considero emocionalmente dañinas las intervenciones que recomiendan algunos prestigiosos psicólogos, de retirar necesidades básicas, popularmente comida y afecto, para no premiar un mal comportamiento. Eso lo considero maltrato. Si un niño inconscientemente, o desesperadamente, tiene que recurrir al «mal comportamiento» para que sus necesidades básicas sean satisfechas y “le funciona”, lo que hace daño no es ceder ante el mal comportamiento. Lo que hace daño es que no sepamos ver más allá del mal comportamiento para reconocer las necesidades básicas insatisfechas. Lo que hace daño es retirar necesidades en lugar de enseñar estrategias para que pueda expresar sus necesidades de maneras más asertivas. Lo que hace daño es disfrazar las necesidades básicas de premios, de lujos.
Poner límites para mí no se trata de no ceder ante el mal comportamiento. Poner límites significa no sacrificar mis necesidades para satisfacer los deseos de otro. Si los deseos de los otros adultos a mi alrededor son que no satisfaga las necesidades de mis hijos, por el miedo de esos adultos a que mis hijos sigan requiriendo el mal comportamiento para que sus necesidades sean atendidas, el límite se lo pongo a los adultos. Que se hagan cargo de su miedo a un futuro hipotético. Yo me hago cargo de encontrar y atender las necesidades reales y presentes de mis hijos.

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[Descripción de la imagen: Imagen de @gmdeckler que muestra en tonos azules un iceberg. En la parte superior correspondiente a la superficie se ve una pequeña parte del iceberg y el texto en mayúsculas “DESEOS”. En la parte inferior, correspondiente a la profundidad marina, se ve una parte mucho mayor del iceberg y el texto en mayúsculas “NECESIDADES”]

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