Cómo NO cambiarás el mundo

Soy parte de varios grupos en redes sociales. Grupos de madres, grupos de autismo, grupos de crecimiento personal, grupos de alimentación sana, grupos de agricultura urbana, entre muchos otros.
En algunos de ellas participo activamente, en otros estoy explorando para aprender más sobre un tema. En la mayoría he encontrado, en un momento u otro, actitudes agresivas contra quienes toman decisiones diferentes a las del grupo o a una parte del grupo. Por hacer pública su opinión he visto insultos, amenazas, alertas sobre el castigo que caerá sobre otros por parte de una deidad. A mí incluso me han deseado la muerte de mis hijos. Lo más frecuente son simples insultos. Sé que mis opiniones de los temas pueden no ser populares. Aún así no busco insultar o menospreciar a nadie, sólo dar mi perspectiva del asunto. Quizás busco que vean alternativas, que alguien que me lee pueda ver una alternativa útil, práctica, sensata distinta a la posición tradicional. Rara vez el presentarme una opción como “la correcta” diciendo que la mía es “incorrecta” me ha hecho cambiar de opinión. Mucho menos cuando me insultan, me maltratan, me juzgan o me desean mal. Aún menos cuando me juzgan ya sea desde una perspectiva moral, ética o religiosa. Sólo logran que busque información para aferrarme a mi postura. Y quizás al buscar información por mi cuenta me permite encontrar una posición más conciliadora que mi posición del momento. Porque me gusta ser conciliadora. Y en ese caso me convence la información, no el ataque a mi posición. A veces no encuentro información que apoye mi posición. Y entonces me justifico, acepto que no es la mejor alternativa u no adopto la otra por algún “pero”. Porque el cambio no siempre viene por saber “lo correcto” , “lo responsable” o “lo amoroso”, o del esfuerzo por cambiar. Mucho menos del señalamiento o del maltrato que otros aplican en mí.
Sé que no todos responden como yo. Lo que creo es que debe ser similar la actitud respecto al rechazo. Habrá uno que otro “si, tienes razón”, creo yo la minoría. Por eso no creo que sea útil poner a un grupo en posición de víctima y otro en posición de villano. Por eso no creo que sea útil el bullying ni el antibullying. Dudo que el bullying a los bullies sea útil. Es más, creo que con frecuencia los abusadores lo son porque en un momento u otro de su vida han sido abusados y abusarlos sólo perpetúa el ciclo del abuso.
Creo que el cambio viene de entender mi necesidad cuando actuó de otra manera y soy amorosa con esa necesidad. Cuando otros son agresivos, violentos o amenazadores conmigo o con mi necesidad, esta se aferra, se fortalece. Si me descuido, me polarizo o me identifico con mis ideas.
Por eso creo que el rechazo a quien se porta mal no es útil ni efectivo. Y aún caigo mucho en esta dinámica. Sé que hay otras opciones, puedo poner límites, hacerme a un lado, pedir respeto para protegerme, para reconocer mi amor y valor hacia mi.
No es posible cambiar a otros desde el rechazo a ellos o sus ideas. No es posible cambiar el mundo desde el rechazo a quien piensa diferente. Podemos mostrar alternativas y ser convincentes al explicar por qué nos sirven. Y quizás sirvan a alguien como una opción que no habían explorado. Y, si no restamos valor a quien no piense igual, quizás nos escuche, quizás decida intentar actuar distinto, quizás.
Desde una posición distinta al amor al otro, a su actitud, así sea ilógica, irracional, inmoral, no es posible un cambio auténtico. Desde una actitud de desamor a nosotros mismos, incluyendo a nuestros monstruos reflejados en un otro, no creo que sea posible un cambio auténtico y perdurable.

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Tristeza…. Pureza….

Me siento triste…. Y estoy bien… No es como tantas veces que me preguntan ¿Cómo estás? Y respondo de boca para afuera “Bien” seguido con una aclaración de boca para adentro “…es un decir”.
Porque es tristeza pura… Tristeza del corazón, sin mente. No hay sufrimiento, sólo tristeza…
Tendría sufrimiento si creyera que las cosas deberían ser distintas…
Tendría sufrimiento si la culpa me habitara y pensara “debí haber hecho esto o aquello”.
Tendría sufrimiento si estuviera buscando explicación, sentido.
Tendría sufrimiento si necesitara buscar consuelo, si creyera que lo debo superar….
Y no…. No estoy sufriendo…. Estoy triste… Puramente triste… De esa tristeza que no se quita con racionalización. De esa tristeza que sólo se puede dejar estar…

Y algunos me tratan de explicar…
Y algunos me tratan de distraer…
Y algunos me tratan de consolar…

Y yo necesito mis lágrimas, necesito mi espacio, necesito mi duelo… Necesito estar con mi tristeza pura… Acompañarla… Acompañarme a mí en ella…

Por suerte muchos entienden… Y, como nunca, me he sentido acompañada… Lo agradezco profundamente…

Otros no entienden… Quieren que mi tristeza acabe… Los entiendo… Les agradezco la intención… Quieren que yo haga con mi tristeza lo que ellos hacen con su tristeza… Racionalizarla, distraerla, esconderla, odiarla, rechazarla, reprimirla… Es lo culturalmente aceptado con estas emociones incómodas… Es lo normal… Juzgar a la tristeza como la mala que hay que evitar… Es lo que esperan que yo haga…
Y mi tristeza no es mala… Mi tristeza no sufre… Mi tristeza es pura…
Aunque hay un deseo de que las cosas hubieran sido diferentes, no hay apego en ese deseo…
Hay aceptación de lo que pudo ser y no fue….
Hay aceptación de que en tantas cosas no tengo el control… Y está bien para mí que sea así….
Hay aceptación de que no entiendo todo… Y está bien para mí…
Hay aceptación de mi emoción pura como es…. Aceptación que esta emoción pueda quedarse para siempre… Y acompañar a otras tantas…

Y estoy triste, puramente triste…

Estoy triste, porque dos vidas, mis gemelos, llegaron a mí vientre por unas pocas semanas, y se fueron…

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Espectro autista

Nota Enero 2017: Ya no me identifico con la etiqueta Asperger sino como Autista. La definición de espectro autista del paradigma médico constituye hoy para mí una forma de etiquetas funcionales que son arbitrarias y no útiles. Tampoco considero los rompecabezas de la imagen como el símbolo que nos representa, sino un símbolo impuesto por organizaciones asistencialistas para las que somos algo menos que personas.
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Por mucho tiempo me he peleado con la etiqueta Asperger…

Acepto que en el momento que llegó me permitió perdonarme por la falta de resultados esperados en mi “ser mamá”. Me fue útil. Me permitió conocer que existe una neurodiversidad, que no todos tenemos que ser iguales en nuestro funcionamiento cerebral. Luego la solté, por un lado por el estigma que implicaba la discapacidad, por otro porque recibirla en ese momento implicaba el esfuerzo para adaptarse a un esquema de normalidad arbitrario…. Requería aceptar unas terapias que no veía útiles, cuyos resultados no veía, que no nos estaban realmente mejorando nuestra calidad de vida… Las terapias convencionales buscaban que mi hijo fuera lo que no es… se enfocaban en sus debilidades, en ponerle lo que supuestamente le falta…
Acepté la neurodivergencia de mi hijo tratando de evitar la etiqueta… tratando de ayudarlo a ser la más auténtica versión de sí mismo y no un imitador de la normalidad…
Pero los humanos somos seres gregarios, y es doloroso sentirse como de otro planeta, es doloroso sentir el no pertenecer a pesar de los esfuerzos… Es doloroso no entender lo que nos pasa, el porqué no encajamos… Es doloroso tener sensibilidades físicas y emocionales que son juzgadas por el mundo como inmadurez o ser como ser quisquilloso…. Y aunque las sensibilidades físicas puedan ser inmadurez del sistema nervioso eso no se supera con un “esfuerzo por madurar” o con esconder lo que molesta haciendo más cómodo para los demás lo que para algunos es incluso incapacitante….
Para mi hijo está siendo muy doloroso y difícil… Y por eso decidí usar la etiqueta, describirle las características Asperger y ver si se sentía identificado… y se sintió identificado… no sólo identificado… se sintió aliviado y feliz… sintió encontrar un lugar donde pertenece de manera natural…
Y en el proceso me observo compartiendo las dificultades sociales. Me encuentro entendiendo, por haberlo vivido, que el recreo escolar puede ser una pesadilla diaria… Me encuentro entendiendo las dificultades sensoriales porque aún las padezco…
Sí, hablo desde mi experiencia y desde mi propia neurodivergencia… porque aunque de alguna manera pueda entender hoy el mundo neurotípico, el de la mayoría, nunca me ha sido fácil. Siempre ha sido un “fingir ser normal para no causar molestias a los demás”….un adaptarme… y ahora, buscando maneras de ayudar a mi hijo con sus crisis encuentro que las mujeres del espectro autista pasamos por la vida sin que sean tan evidentes nuestras diferencias… Y aunque no necesito hoy que una autoridad valide si soy o no soy neurodivergente elijo reconocerme como tal… ¿Por qué?
¿Para qué me sirve la etiqueta?
Quizás para dar más valor a mi experiencia que a la opinión de expertos y confiar en que puedo acompañar a mi hijo en un proceso difícil… Quizás  para encontrar un colectivo del que hago parte más naturalmente… Quizás, tal vez, para seguir con mi costumbre de confluir, ser un nosotros y no un yo, esta vez con mi hijo… Quizás una manera de reconocerme extra especial y con ello inflar mi ego…
Reconozco que las etiquetas pueden ser discapacitantes, limitadoras… también pueden ser muletas para justificar los comportamientos desde uno u otro personaje y no atreverme a salir de ahí…
Hoy quiero verla como un mundo por descubrir. Neurobiológicamente algunos cerebros tienen un cableado diferente. No tengo que vivir desde la lógica de otros si mi lógica es distinta. Me doy permiso de moverme cada vez más desde mi cableado, desde mi sentir, desde lo que es lógico para mí y desde lo que no… No lo veo como una limitación ni un encasillamiento.
Aceptar en mí el espectro autista es reconocer mi propia pista de baile… Que tiene algunas características propias, otras que muchos compartimos… Es como si mi pista de baile tuviera ondulaciones.. más ondulaciones que el resto de pistas… algunas de estas ondulaciones apenas perceptibles para los demás… Y tengo a muchas personas a mi alrededor juzgándome porque tropiezo… Conocer mi pista de baile me da libertad, porque reconozco sus obstáculos, y elijo moverme alrededor de ellos o sobre ellos o con ellos o hacer una pirueta en ese lugar.  La pista “que me tocó” no me define, no define mi baile…
El baile lo elijo yo en cada momento…. el baile es permitirme fluir… Y si reconocer los obstáculos de mi pista me permite ser más fluida, tomar más riesgos, ser más natural, ser más yo, bienvenida es esta etapa de reconocimiento.
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