¿Como es abajo es arriba?

Si soy sincera, mi anterior entrada puede no tener muchas bases además de mi intuición.
Ya alguien trató de convencerme de conceptos como «el juicio final» con la frase «como es arriba es abajo y como es abajo es arriba» y si aquí abajo construimos nuestra sociedad basados en leyes, y si no cumplimos esas leyes recibimos castigo, así debe ser arriba ¿No?
En su momento me pareció una muy pobre prueba de la existencia de «Dios padre» y del «juicio final» al final de nuestros días.
Y no me es posible compartir esa imagen de divinidad. Y, como para mí no es algo que  pueda intuir, no puedo creer en ello. Creo que esa visión de Dios es aprendida. Creo que es una visión creada de acuerdo a la cultura. Y llevamos siglos de cultura occidental y por eso para la mayoría es algo que se da por cierto. Creo que el «Dios padre» es un concepto creado en épocas de monarquías. Y en esa época un rey arbitrariamente podía juzgar a sus súbditos y dar el castigo «que merecían». Creo que socialmente hemos avanzado algo y tenemos democracias, sistemas judiciales, organismos de control que no permitan las arbitrariedades de un rey, y sinembargo se sigue creyendo en un castigo de Dios por las «malas acciones» al final de nuestra vida. Se cree que sin estas leyes y el miedo al castigo las personas harían «lo que quisieran» y el mundo sería uno en el que predomine la ley del más fuerte. Curiosamente existen sociedades, sin este Dios, sin estas leyes en las que pasa todo lo contrario, se vive en armonía. Hay libros con estudios que parecen indicar que nuestro cerebro evolucionó para trabajar con otro tipo de moralidad. (Aún no leo el libro de Patricia S. Churchland, espero hacerlo pronto). Mi moralidad está más cerca de la moralidad de muchos ateos. Creo que tienen una moral más intrínseca, desinteresada, “de corazón”.
En mi propia experiencia, no hago mi mejor esfuerzo cuando me amenazan con un castigo, ni cuando me chantajean con un premio. Y suelo perder mucho el tiempo cuando me exigen renunciar a mis cosas para que «el equipo» cumpla con parámetros externos. Sé de primera mano que los niños que no temen el castigo de sus padres, suelen tener menos necesidad de rebelarse. No funciono bien en esquemas autoritarios, y eso me impide creer en un dios autoritario. Al parecer los humanos no funcionamos bien en estos esquemas de premios y castigos, según la charla Ted de Dan Pink, una de mis favoritas.
¿Y entonces?
Por más que tenga motivos para refutar el argumento de “como es arriba es abajo” de otros, no, no puedo afirmar como mejor o más sutentado “mi” como es abajo es arriba. Y, por más que defienda mis ideas, evito decir que sean LA VERDAD, porque a lo sumo es MI VERDAD. A lo sumo es mi verdad de HOY. Solo una de las infinitas verdades del universo.
A esa verdad, a la que hoy dicta mi corazón (y mis entrañas, y mi mente), a esa, le soy fiel hoy.

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Maternidad fuera de lo normal

La semana pasada mi hijo mayor tuvo una crisis con autoagresión. Una crisis como esa fue la que me motivó hace unos 4 o 5 años a aceptar la medicación antipsicótica que nos recomendaba un respetado neuropediatra. Medicación que meses después suspendimos porque además de no ayudar mucho, también estaba afectando la salud de mi hijo. En crisis en las que parece que la vida e integridad de mi hijo estén en riesgo, dudo de mí y de él. Crisis como esa me llevan a dudar de estar haciendo lo correcto como madre. Me llevan a los debería. Me llevan a querer que mi hijo sea diferente de como es. Me llevan a querer ser una madre distinta a la que soy.

Es irónico que pase el mismo día y hora en que me decían si podia hablar conmigo una madre que empieza a vivir situaciones como las que yo he vivido con su hijo “etiquetado”. Irónico que pase cuando mi ego pregona a los 4 vientos el haber “trascendido la etiqueta”.

Y, como pasó en el colegio, me proponen reiniciar terapias, apoyo psicológico. Y no los culpo. Mis hijos aman su colegio, pasan felices ahí. Ellos solo se preocupan porque esté bien. Mis hijos en su colegio son apreciados tal como son. Nadie los invita a ser iguales ni mejores que los otros. La propuesta me hace dudar de mí, de estar haciendo lo correcto. Me pregunto si debería estar haciendo “algo más”.

Y me pregunto los por qué y para qué de su comportamiento. Veo el patrón de que ocurre cuando ha hecho algo que sabe que no va a ser aprobado por las autoridades. Empiezo a preguntarme la causa de que mi hijo se sienta no digno de vivir. Tengo claro que no es que no quiera vivir, es que cree que morir nos haría la vida más fácil a los demás. Y si, quizás puede haber manipulación en su comportamiento. Y si, sé que su comportamiento debe tener necesidades insatisfechas subyacentes, necesidades que a veces no tengo la presencia y paciencia para atender.

Y a veces también me parece obvio que un niño que ha estado en terapias desde los dos años tenga la idea de que hay algo “dañado” en él. Es mi espejo sin duda, pues por tantos años me he sentido inadecuada para el mundo social en que vivo. Sin que en ese entonces existiera una “etiqueta psiquiátrica” con la que el DMS V considera un trastorno mi introversión.

Y veo que la búsqueda de terapia que lo ayude es más para cumplir parámetros externos y arbitrarios de normalidad que porque realmente crea que nos ayude. Y veo que pasado el episodio y luego de un rato de estar en su huerta escolar, siguió siendo el niño feliz y curioso que habitualmente es.

Afortunadamente ha sido largo el camino recorrido. Y sabiendo que como hemos crecido más ha sido aceptándonos como somos, tanto como individuos como familia. A pesar de un diagnóstico del espectro autista mi hijo no teme las interacciones sociales, las busca, le interesan, aunque no le sean fáciles con niños de su edad. Considero eso un aspecto muy positivo en él, algo que lo ayuda. Hoy, una semana después del suceso sigo pensado, que como estamos es como mejor hemos estado. Sigo pensando que hacer cualquier cosa «recomendada» desde afuera es reforzar la idea de que hay algo malo en él que debemos arreglar.

Agradezco las sincronicidades que me hicieron llegar este enlace que me ayuda a segur confiando en nuestro caminio. Quiero seguir pensando que estamos bien y que la normalidad, teniendo en cuenta lo arbitrario y restrictivo del concepto, es algo que ya no me interesa buscar. Confío que la vida nos mostrará la manera de DESCUBRIR la mejor versión de nosotros mismos. Aunque este concepto este tan apartado de la construcción de la personalidad tan valorado hoy en nuestar sociedad.

Recuerdo el título de una charla de Gerry Fewster y que resume nuestro camino como familia: “Free your child from the shackles of normality” (Libera a tus hijos de los grilletes de la normalidad). Esto tiene sentido hoy cuando considero lo opuesto a la normalidad, no como defectuoso ni anormal, para mí lo opuesto a lo normal es lo extraordinario, lo que no tiene igual, lo especial, lo auténtico. Hoy no me interesa otro camino.

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Hoy no quiero ser una alópata emocional.

Hoy no quiero ser una alópata emocional.
Si “apago” los síntomas negativos con positivos creo que me pierdo del aprendizaje que hay detrás. ¿Que necesidad insatisfecha hay detrás de mi tristeza, de mi rabia, de mi frustración? No, mis necesidades no son necesariamente alegría, tranquilidad o paciencia… Y el aprendizaje no llega por forzarme a sentirlas, ni por motivarme a sentirlas. El aprendizaje ha llegado transitándolas, quitándoles los juicios, aceptándolas, queriéndolas…. El aprendizaje está transitándolas mientras me quiero….
Por eso no me gustan algunas/muchas ideas de la PNL…

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¡Ojo! Estoy hablando en presente y en primera persona, teniendo en cuenta que mis emociones no son incapacitantes y que tengo la energía para transitarlas.