Como es arriba, es abajo…

Quizás peco de ingenua.
Creo que todas las personas creen que actúan bien, que actúan de una manera u otra porque es las mejor opción que tienen disponible con la información que tienen. Creo que Hitler, por poner un ejemplo ampliamente conocido, creía que lo que hacía estaba bien. Me cuesta creer que alguien se levante un día y diga: “hoy voy a hacer el mal”. No conozco a nadie así, excepto en las películas.
No creo que Uribe o cualquier gobernante de turno quisiera hacer mal.
No creo que la guerrilla quisiera hacer mal.
No creo que ninguno de los protagonistas de los ejemplos anteriores sea esencialmente maligno.
Creo que la única información que tenían disponible era que hacer el bien era acabar con lo que ellos consideran mal. Fue lo que aprendieron, fue lo que aprendimos por generaciones. Aprendimos a que hay que luchar contra el mal hasta aniquilarlo. Y para ambos el otro lado encarna el mal. Y para ambos lados el fin justifica los medios. Y ambos lados creen que lo hacen por nuestro bien o, en el peor de los casos, porque entre las opciones disponibles era la menos mala.
Creo que lo mismo nos pasa entre las personas anónimas. Votamos por un espectro del abanico político seguros que sus políticas son por nuestro propio bien o que son las menos malas de las disponibles. Internamente también, luchamos por erradicar nuestras sombras, nuestro pecados.
Rechazo las teorías conspirativas. Hoy me incomodan algunos activismos. Los rechazo porque nos ponen en lugar de víctimas. Los rechazo porque, por lo general, dibujan a su oponente como “el que quiere hacernos daño”. No creo que el TLC se firmara para hacernos daño. Creo que se firmó sabiendo que habría grandes perjudicados y creyendo que el beneficio político era superior al daño social. Creo que antes de estas protestas, si su aprobación se hubiera llevado a referendo, igual se hubiera aprobado el TLC. Creo que la mayoría pensaba que era por nuestro bien. Apoyo a los campesinos, considero válida su protesta, su voz como colombianos es extremadamente valiosa. A mi el TLC como concepto siempre me incomodó. Me alegra ver a mi país desaletargarse, me entristece que en la polarización de las posiciones lleguemos a la violencia.
Igual que pasa a nivel país pasa en el interior de las familias. Tomamos decisiones, adoptamos pautas de crianza, elegimos un colegio o decidimos desescolarizar, los sometemos a un tratamiento de ortodoncia o no, los bautizamos en una fe o les inculcamos nuestras creencias antirreligiosas. Todo porque creemos que es por el bien, o al menos para minimizar el mal en nuestros hijos. Creemos saber que es lo mejor para ellos.
Igual pasa en nosotros mismos, tomamos decisiones por nuestro propio bien, o para evitar daños mayores. A nivel de nuestra economía, de nuestra salud, de nuestras relaciones, de nuestra espiritualidad. Vamos a un tipo de doctor, practicamos o no deporte, comemos vegetariano o paleo. Creemos que lo que funciona para nosotros debería funcionar para los demás.
En los tres niveles veo una necesidad de control, de predecir un futuro (gracias Ana María), de cambiar lo que hay por algo mejor. Hay una no aceptación. Muchos miedos. Un no querernos, como país, como familia, como individuos.
Queremos ser exitosos. Como país, como familia, como individuos. Y, gran parte del problema, creo yo, es que el éxito lo medimos con parámetros externos, tratando de complacer a otros, desconociendo nuestras necesidades, nuestros deseos, desconociendo nuestra autenticidad.
Yo estoy lejos de conocerme, de reconocer mis habilidades, necesidades, deseos. De acuerdo a parámetros externos he sido exitosa muchas veces en mi vida. Otras veces fracasada. Otras veces perdida. Muchas veces creo que mi necesidad es que un otro me reconozca, me apruebe. A veces aún busco autoridades externas que me respalden. Busco respuestas, soluciones y respaldos en la ciencia, en la historia, en libros, en maestros físicos o espirituales.
Creo que igual nos pasa como país. Creo que la manera de ayudar no es predicar qué es lo correcto, ni maltratar o insultar a quienes creemos equivocados. Creo que es importante permitirnos como país hacer una pausa, si es necesario dar reversa al TLC, averiguar qué necesitamos, qué queremos, independiente de lo que otros países y organismos internacionales esperen de nosotros. Como país también necesitamos hacernos responsables. Y, no, no creo que la responsabilidad se trate de hacer “lo correcto”, ni lo que le ha funcionado a otros. Quizás, para empezar, lo responsable sea aceptar que no sabemos que hacer, ni qué es lo que funciona para nosotros como país. Y acepto que la situación de crisis hace difícil parar. Y acepto que es difícil, al menos para mi, encontrar la manera de que los grupos que hacen parte del país sean escuchados, aceptados, incluídos, que tengan oportunidades de expresarse sin ser juzgados.
Esta crisis es una oportunidad única para reconocernos. Pocas veces como esta reconocemos la existencia o la importancia del campo. Siempre hemos luchado por la paz. ¿Y que pasa si dejamos de luchar por la paz? ¿Y qué pasa si escuchamos las voces de la violencia en lugar de reprimirlas? ¿Cuales serían las herramientas para escuchar nuestras voces como país? ¿Cómo podemos hacernos oir como voces en conflicto sin ponernos en el lugar de víctimas? ¿Qué pasa si en lugar de exigirles a los opuestos que acepten sus errores aceptamos que tienen algo que enseñarnos?
Lo sé, no es fácil. Aún no sé, por ejemplo, que quiere decirme la violencia que hay en mí, entre muchas otras voces….

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En modo “activista”…

Con el paro campesino veo mis personajes alternarse:

Uno dice:
Me pienso muy hipócrita porque, aunque me esfuerzo en comprar nacional, sigo haciendo mis compras en un gran supermercado de capital principalmente extranjero, a veces tomo Coca Cola y en el último mes compré ropa “made in China”.
Otro:
Me siento indignada por lo que pasa en mi país. Hoy hay un paro campesino que lleva más de una semana y que el gobierno dice que no existe. Me siento indignada por un TLC (tratado de libre comercio) que siempre he visto como sumisión del gobierno hacia EE.UU.
Otro añade desde atrás, casi en secreto, y con tono irónico:
TLC del que ahora disfruto en productos, como las nueces que me como sin sentir ninguna culpa.
Y sigue el anterior:
Creo no estar viviendo en un país soberano. Creo no estar viviendo en un país democrático.
Y llega otro personaje a criticar:
¿Y porqué vuelves a los activismos? ¡Deja de dividir el país en los buenos y los malos! ¡Recuerda tú eres tú y no tienes que convencer a nadie de nada! ¡Deja que los demás se hagan cargo de los suyo y deja de torturarlos con tu SPAM!
Otro está de acuerdo y añade:
Además te contradices con lo que piensas correcto, lo que escribiste en Victimas y Villanos. ¿Recuerdas?….
Uno se justifica:
A veces, quizás muchas veces, me pongo apasionada o intensa defendiendo cruzadas que, al parecer, no me afectan y que quizás estoy lejos de comprender. Quizás llegue alguien que me sepa explicar lo que pasa y cambie de bando en mi cruzada.
Y llega otro personaje:
Pero si no estoy convenciendo a nadie de nada, solo pongo información para que la gente tenga opciones para decidir. Porque claro, la mayoría solo ven a los mentirosos y sezgadores de RCN, Caracol y El Tiempo…. Seguramente solo CNN y por lo tanto no saben nada de lo que pasa.
Y otro:
Pero eres tan intensa con la información que lo que lograrás es que la gente configure su cuenta para no recibir tus publicaciones.
Y responde otro:
Es su responsabilidad…. En cambio los campesinos no están en igualdad de oportunidades….
Y otro:
Pobre Santos, se quemó, justo cuando iba por la relección. Y mis compatriotas seguramente son tan idiotas que gracias a esto van a votar por un súbdito de Uribe…. ¡Aaaaahhhh! ¡Claro! Porque como Petro con su arrogancia le quitó a la izquierda toda oportunidad….. Si tan solo hubiera hecho las cosas de otra manera….

Y así veo los personajes altenarse en mi cabeza…. Y a veces publico masivamente…. A veces en contra de Monsanto y del TLC…. A veces en pro-de las semillas “limpias”, de comprar y comer con más consciencia ¿ o simplemente con más información?…. Y, a veces, lo sé, muy pocas, no publiqué, aunque sea por un ratico…..

Y entonces dejo de mirar afuera….. Y veo MI conflicto interno. Este conflicto externo lo elegí hoy…. ¿Para que? ¿Para evitar ver lo que pasa en mí? ¿Para reconocerme en ese personaje que le gusta “salvar el mundo” o, al menos poner su granito de arena? ¿Para ser vista?

Y reconozco que son personajes…. Y veo que despues de tanto ruido hubo silencio en mí…..

Y me vi disfrutarme en el ruido y el silencio….

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Desenmarañando mis marañas….

Estoy molesta conmigo misma, por dejar que conversaciones que juzgo como superficiales alteren mi paz. Y claro, está ese ego mío tratando volverlo todo trascendente y a la vez tratando de defenderse yo no sé de qué. Frustrada, porque llegó una comentarista, tan intensa como yo, a decir cuales eran las intenciones de mi publicación y yo, cerrada como tantas veces, buscando mil maneras de decir cuales eran y no eran y no eran mis intenciones, sin cambiar la frase confusa.
En la entrada sobre la moda, a la que le incluí una aclaración recientemente, esa mujer entró a defender que la mujer “sí debe arreglarse”. Yo traté de muchas maneras explicar que ese no era el tema de la publicación. Nunca quise dar a entender que la mujer fuese imperfecta, ni que quien se “arregla” se considere a si misma imperfecta. Nunca fue esa la intención de mi publicación. Acepto que en las palabras que usé para redactar podría interpretarse algo distinto. Tal como yo veo las cosas, mi intención jamás fue dar juicios sobre si está bien o mal maquillarse, ponerse bonita, hacerse un cirugía estética o cualquier otra forma de “arreglo”. ¡Tengo un mamoplastia de aumento! ¿¡Quien soy yo para juzgar!? Y, no, no supe aclarar lo que quería y no quería decir. Quizá porque mi expectativa era que las personas hubiesen leido la publicación del blog completa o porque para mí era claro que mi problema era con la palabra “arreglo” y no con el acto de acicalarse. Quizás porque me puse a la defensiva desde la primera frase en que dijo que estaba de acuerdo en la comodidad de no arreglarse y quedarse en la casa, y yo pensé “y ésta…. a qué viene a mi muro a decir que yo dije lo que no dije”, y luego lanza el “tan divina” que intepreté en tono condescendiente y que hubiera dejado pasar si no hubiera añadido un “y volviendo al tema en cuestión” a tratar un tema que, para mí, y a pesar de mi redacción, nunca fue la cuestión. Y muy tarde releí mi blog para aclarar mis palabras. Mi interés nunca fue el debate. ¿Desde cuando mis pensamientos sobre mi misma estan abiertos a debate? Pues la repuesta obvia es, si no lo están ¿para qué los publico?
La verdad me vale mierda el concepto de la moda, que si hay distintos, que si no. Que si la mujer se depila que si no, que si se demora una hora en la mañana maquillándose. Es un tema tan personal. Para mí lo importante es un descubrimiento reciente de saber que aún soy bonita, perfecta tal como soy, que hoy puedo mirarme al espejo y gustarme y no tener que maltratarme para encajar en un ideal de belleza que no comparto. Es mi visión. No me interesa lo que haga cada mujer con su cuerpo o con su vida. En absoluto me interesa que las demás mujeres piensen o hagan lo mismo que yo. Publico estos temas porque mi experiencia personal puede ayudar a otras personas a ver las cosas de otra manera, a aumentar la libertad de actuar, completamente opuesta a la actitud moralizante de esto está bien y esto está mal. Y dos amigas me dijeron que mi publicación las ayudó a verse de otra manera.
No entiendo qué de lo que dije pudo dar a entender que yo acepté que la mujer “sí debe arreglarse” (o no) y que también trato de sugestionar a la mujer a lo que yo considero correcto. Supongo que es verdad que entendemos el mundo, no como es, sino como somos. Y, si alguien piensa que estoy diciendo que la mujer es imperfecta, o que la mujer que se “arregla” es porque se siente imperfecta, a pesar de que yo repita mil y mil veces que el tema sobre el que escribí no es si está bien o mal arreglarse. Debe haber un tema de ella relacionado. Así lo haya redactado mal, si yo digo que lo que quise decir fue otra cosa, que el tema de mi publicación era otro, ¿quien es un otro, cualquier otro, para creerse con autoridad moral de saber, mejor que yo, lo que yo quise decir? Esto me parece la arrogancia suprema. Y este tipo de arrogancia es un tema sensible en mí. He terminado relaciones de años por ello. Me dijeron: “Es que tu hiciste esto, porque sentiste esto, y pensaste esto otro.”. Afirmar, sin confirmarlo, qué es lo que yo siento, pienso, deseo o cualquier otro aspecto que corresponda a mi mundo interior es el peor desplante que una persona me puede hacer. Algo tendré que trabajar en el tema para que no me afecte tanto, en fin, es mí tema la sensibilidad ante tales afirmaciones.
Y entonces ¿porqué me hace tanto ruido? ¿porqué me justifico ante una extraña y ante mi misma? ¿Porqué sigo invirtiendo energías en esta conversación en la que es obvio que ella habla de naranjas y yo de manzanas y ella sigue con el tema de que su color es este y no aquel y yo sigo con mi tema que no hablaba del color? ¿Para qué me desgasto? ¿Qué quiero demostrar? ¿Porqué me pongo en rol de víctima a defender mi muro capa y espada? Y quiero observarme aquí en esta molestia y en esta incomodidad. Observar a la Mónica evitadora de conflictos meterse en conflictos intrascendentes, en peleas de egos, principalmente propios.
¿Que me contradigo? Casi con seguridad así es. Casi siempre mi razón para escribir es porque estoy en una contradicción interna y escribir es mi manera de desenmarañar la maraña. Y muchas veces mis marañas son de tal magnitud que al escribir solo logro encontrar los extremos. Obviamente eso se refleja aquí.

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La moda

“No entiendo como una mujer puede salir de casa sin arreglarse siquiera un poco, aunque sea por cortesía.. Tú nunca sabes, probablemente ese día tienes una cita con tu destino. Y lo mejor es estar lo más bella posible para el destino. ” Coco Chanel

Hoy leí esta frase y me hizo mucho ruido. Creo que hay cierto victimismo en el discurso de que la moda es una herramienta de dominación para mantener sumisa a la mujer, y al mismo tiempo reconozco que hay una perversidad en el tema que dudo mucho sea casual. Analizando esta frase percibo la creencia de que la mujer debe arreglarse. ¡Esta afirmación implica que estamos dañadas, imperfectas! Aclaro que me refiero a la palabra arreglar y no al acto de acicalarse. Que no “arreglarse” es una descortesía, yo lo interpreto como que debe darse más importancia al placer visual del otro que su propia comodidad o su propio placer.

Creo que ya nombré que una de las polaridades que identifico claramente en mí es el ser vista y el pasar desapercibida. Quizás solo mis amigos más cercanos conocen ese lado exhibicionista en mí. Y pendulo en esta polaridad. He pasado años sin mirarme al espejo más allá de lo indispensable, juzgando la coquetería como superficialidad e inseguridad. Luego me quejo de no sentirme mirada, de que la maternidad o la inteligencia me hacen no ser vista como una mujer bonita o deseable, excepto por mi esposo a quien no considero un juez imparcial en el tema. He hablado del tema con varios amigos y amigas. Me preguntan si me visto para ser vista. Les parece que no muestro mis atractivos, que no reconozco mis atractivos. Me preguntan si me visto para gustar o para gustarme. Si yo me siento bonita/atractiva ¿no debería proyectar esa belleza y atracción? ¿no se vuelve irrelevante el vestirme para otros?

Tengo en este momento una buena relación con mi cuerpo. Me veo desnuda en el espejo y me agrada lo que veo. No me cambiaría nada. ¿Porqué cambia tanto mi imagen corporal al vestirme? Me cuesta encontrar ropa que me quede bonita y cómoda. Uso la mayor talla de ropa disponible en la mayoría de almacenes. No compro “lo que me sirve” así no se me vea bien, elijo, busco. Salir a comprar ropa se convirte algunas veces en un suplicio. Cuando no encuentro ropa de mi tamaño me imagino deforme. Y me quiero mucho como para usar ropa apretada. Muchas veces me creo víctima de una conspiración. ¿Cómo se viste ese alto porcentaje de población femenina que ocupa un volumen mayor al que yo ocupo? ¿Tenemos opciones?

Hoy elijo no conformarme, cambiarme las veces que considere necesarias cada día para verme bonita. No tener ropa porque me “entra” si no me siento bonita usándola. Elijo mandar a hacer mi ropa si es necesario. Elijo, ante todo, quererme.

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Víctimas y villanos

Muchas, muchas veces he estado o me he puesto, en el papel de víctima. Desde el sentirme la niña diferente/invisible en el colegio o trasnochando en el trabajo porque un jefe creía que la única manera de hacer las cosas era a su manera o cuando me doy cuenta que el 95% de los colegios de la ciudad no cumplen ni el 5% de las expectativas de lo que yo quiero para mis hijos y tantas situaciones de victimismo más en mis relaciones diarias.

No tengo claro en que momento decidí que el entorno era hostil. Que, como era inútil luchar por la aceptación, era mejor aislarme. Porque el entorno de mi niñez no era ni la mitad de hostil hacia mí como yo lo era hacia él. Mis compañeros de colegio no eran malos, ni crueles conmigo. Eran simplemente niños. Y yo desde mi arrogancia de creerme madura y “buena” me hice a un lado, nadie me rechazó, yo me creía muy buena para ellos. ¿Quién es entonces la víctima y quién el villano? De alguna manera hoy sigo sintiendo que no necesito ser parte del mundo. El mundo es un lugar malo, hostil, superficial y yo en cambio soy buena, amorosa, trascendental. ¿De donde sale ese discurso arrogante y egoíco? Ese discurso que esconde tanto miedo.

Miedo…. Ese miedo que niego sentir…. Ese miedo que me muestran tan claro mis hijos cual espejo…. Ese miedo a un mundo hostil… Ese miedo a ser vista y tambien a no ser reconocida…. Ese miedo a ser exitosa y tambien a ser intrascendente….. Ese miedo a ser necesitada por otros y también a ser odiada. Escribiendo esto no me extraña haber vivido gran parte de mi vida de una manera tan tibia. Huir de los extremos me evitaba ser rechazada.

Reconozco hoy esta polaridad en mí: “ser una más” y “ser original”.

Y aunque hoy rechace a ratos esa “ser una más”, esa “tibieza”, reconozco su utilidad. Me permite evitar conflictos. En un conflicto  entre dos personas, o ideas me permite ver las dos caras de la moneda.

Desde el lugar de víctima he sido antipatriarcal, antireligiosa, antisistema, anticonductista, antiautoritaria. Hoy reconozco que también hay en mí todas las características opuestas: patriarcal, religiosa, sistema, conductista, autoritaria. Y reconozco que mi lucha contra estos opresores externos no es más que un reflejo de mis propias luchas internas. Y al revisar mis luchas internas estas características y comportamientos opresores corresponden a una parte de mí que tiene mucho miedo. No me extraña que esos opresores externos se basen en el miedo en sus políticas y en su cultura. Y, no, no quiero sacar lo contrafóbico en mí al reconocer esto. Quiero reconocerme en mi miedo, vivirlo. Y decidir, en cada momento, si “el sistema” y su cultura del miedo me es útil o no, y reconocer para qué me es útil.

Ya no quiero jugar el juego de policías y ladrones, de los malos y los buenos, de víctimas y villanos. No me gusta el juego de las lealtades, de serle fiel a las ideas. No me gusta tomar partido. Irónicamente esto que se vé como tibieza, me hace original, los demás suelen tomar partido. Decidir no ser negro ni blanco no me hace gris, como juzgarían aquellos que se creen blancos, teniendo en cuenta que ninguna de las partes se ve a si misma como negra, como “villano”. Y no soy gris porque no me es indiferente, no es una actidud de “qué me importa” es una actitud de “entiendo esto y elijo esto otro, quizás mañana elija esto nuevamente”. Que me llamen variable, inestable, inmadura, qué más da.

Por eso hoy me hacen ruido frases como esta: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor.” Hoy no estoy dispuesta a alimentar el victimismo en nadie. No creo que a nadie le haga bien. Desde ninguna posición creo que la solución sea acabar con el enemigo, ni siquiera tratarlo mal. Quiero elegir libremente, basada en lo que sé, en lo que siento, no basada en lealtades ni en deberías.

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Semana de la lactancia materna….

Hace un año publicaba en mi muro de Facebook que yo no amamanté porque era lo mejor para mis hijos a nivel de nutrición, o para que fueran niños más inteligentes, ni para favorecer el vínculo. Lo hice por dos motivos, por pereza y por placer. Por eso los amamanté por más de un año. No me imagino esterilizando, preparando biberones en la madrugada. La lactancia para mí fue ante todo cómoda y placentera. Y por eso me es tan difícil entender a quienes presionan a una mamá a amamantar o a que prolongue la lactancia o a que destete. No estoy de acuerdo en las lactancias por ley o por obligación. Ni siquiera en las lactancias “porque es lo mejor”. Creo que la promoción, en este momento, no debe estar orientada a las madres sino al personal de salud. Debe estar orientada a que el personal de salud sea apoyo, en lugar de juez, en la lactancia. Deben estar orientadas a respetar el deseo de la madre y a apoyarla en su deseo. A darle la información y apoyo que necesite cuando su deseo es amamantar.
Al menos todas las madres que conozco saben que la lactancia es lo más recomendado para sus hijos. Y eso que he amamantado en cuatro paises. Algunas lo hacen, otras no. Algunas lo deseaban, otras no.
Algunas, pocas de esas madres, deciden que es incómodo, que es demasiado doloroso, y deciden dar fórmula. Me parece una decisión absolutamente respetable.
A veces, hay mamás que quieren de corazón amamantar, tienen la información, tambien el apoyo. Y aún así no prospera la lactancia. Y, cuando van a pedir apoyo en instituciones especializadas, les piden más esfuerzo, les dicen que TODAS las mujeres pueden amamantar, las hacen sentir defectuosas, fracasadas. ¡Qué difícil debe ser para una madre tener a su bebé llorando de hambre y las asesoras diciendo no le dés fórmula, péga a tu bebé al pecho y la mamá lleva dias con el bebé pegado al pecho y llorando de hambre!
Por eso no me parece respetable que otras madres de algunos círculos de crianza juzguen a las madres que dan fórmula como si les estuvieran dando veneno a sus hijos, o que las tilden de perezosas, de rendirse facilmente.
Otras madres quieren amamantar y las lactancias fracasan por la mala capacitación del personal en el hospital. Por un lado por la separación de la madre y el hijo y la costumbre de complementar “mientras baja a leche” SIN consultar con los deseos de la madre. Por el otro la presión que ejercen médicos y matronas puede ser más perjudicial que benéfica. Una madre, en el estado de vulnerabilidad que es el postparto, lo último que necesita son regaños. Tristemente los regaños son el único apoyo que saben dar muchos profesionales de la salud. Porque información sobre lactancia y de como apoyarla parecen no tener.
También son muchos médicos los que interrumpen lactancias exitosas. Médicos que dicen que a partir de los 6 meses la leche materna no nutre, que es como agua. Médicos que dicen que la lactancia mínimo hasta los dos años es para tercermundistas que no tienen acceso económico a una buena nutrición. Que si estás embarazada tienes que suspender porque las contracciones de pueden causar un aborto. Me pregunto: ¿Existiríamos como especie si estas afirmaciones fueran ciertas? Hasta se contradicen entre sí. ¡No me cabe en la cabeza lo que implican las dos primeras afirmaciones! “Deje de darle la leche evolutivamente adaptada para su especie y empiece a darle, 3 veces al día o más, la leche de otro mamífero”. Y el problema es que creemos en la profesión médica como autoridad. Nos es difícil creer que no tengan suficiente formación e información sobre el tema, y la verdad es que muchas veces no la tienen.
Dejemos de juzgarnos entre madres. Cada madre hace siempre su mejor esfuerzo y no nos es posible saber que está sintiendo una madre en su postparto. No nos es posible entender lo que vive otra madre y desde qué lugar toma sus decisiones. Que tome decisiones diferentes a las que nosotros hubiéramos tomado no las hace malas madres.
Apoyemos la lactancia. La lactancia llena de deseo, de placer. También dejemos que el destete sea desde el deseo, desde el sentir. Dejemos a un lado la lactancia y el destete como deber. Aún si para hacerlo debamos cuestionar aquellas recomendaciones médicas o hasta de expertos en lactancia si son incoherentes con nuestro sentir.

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Imagen de Jade Beal en su imperdible proyecto A Beautiful Body Project.
http://jadebeall.com/a-beautiful-body-project/
http://abeautifulbodyproject.com/