Erradicar comportamientos

Muchas personas creen que para ayudar a quien está en el espectro autista lo importante es ayudarlo a cambiar los comportamientos de manera que la persona se pueda mezclar mejor con los neurotípicos, es decir, con la normalidad de la gente. Muchas de estas personas creen que lo importante es cambiar el comportamiento, que aquello que lo causa es casi irrelevante…
Erradicar comportamientos diferentes….
Normalizar a las personas….

Mmmmm…..

Pensamientos así me suenan cercanos al nazismo… Y muchas veces olvidamos que en el nazismo no sólo se trató de exterminar a los judíos, sino a otros grupos de personas arbitrariamente consideradas diferentes, ya sea por raza, por cultura o por comportamiento, incluso por su neurodivergencia.
Todos somos de alguna manera diferentes y no a todos se nos respetan las diferencias.
Tal como en la película “El Discurso del Rey” a un miembro de mi familia lo trataban de obligar a usar su mano derecha siendo zurdo. El resultado, igual que en la película, fueron problemas en el habla. Estos problemas de habla se superaron tan pronto el médico identificó lo que sucedía y a mi familiar se le permitió usar su mano dominante.
En el espectro autista hay comportamientos que algunas terapias tratan de erradicar con el fin de que la persona autista sea casi inidentificable de una persona no autista, siendo la falta de contacto visual, los comportamientos repetitivos y los intereses restringidos algunos de estos comportamientos. Pocas veces se mira la utilidad de estos comportamientos. Como explica el doctor Barry Prizant en su libro “Uniquely Human”, esto se convierte en un círculo vicioso: “¿Por qué es autista? Porque tiene este tipo de comportamientos. ¿Por que tiene este tipo de comportamientos? Porque es autista.”
Existe la creencia de que si estos comportamientos los extinguimos el autismo se cura.

Y muchas veces la ciencia que busca identificar el “gen autista” CON EL FIN de ahí encontrar “la cura”.
Y muchas veces se establecen terapias conductistas de 40 horas semanales que, cual entrenamiento canino, premia los comportamientos deseados y castiga los indeseados.
Y muchas veces la pseudociencia con enemas de cloro dice matar la “parasitosis autista”, parásito al cual no encuentro le hayan dado nombre científico y los científicos que saben del tema me dicen que suele ser de tejido intestinal.
¿No estaremos en el fondo causando más daño que beneficio?
El mundo teme a la diferencias e intenta erradicarlas. ¿Seguimos siendo nazis tratando de purificar nuestra raza humana?

Normalizando.
Homogenizando.
Uniformizando.
Estandarizando.

¿Para qué?
Para ser mejores…
¿Ser mejores en qué? ¿Bajo qué criterios?

Los grandes genios estaban fuera del molde. Varios de ellos fracasaron o rechazaron la educación tradicional. Varios de ellos tienen características autistas.

¿Es eso lo que queremos erradicar?

Me dirán… Tú qué sabes de eso… Ni siquiera eres psicóloga… Tú eres totalmente funcional (¡jajaja! Si supieran…). Tu hijo ni debe estar en el espectro, es intelectualmente brillante, es extrovertido. El autismo clásico, el de Kanner, es diferente…

¿Lo es?

Y no lo sé… Y como he dicho antes no juzgaría a una madre de un autista no verbal, con varias comorbilidades por querer darle a su hijo una vida más normal, más independiente, más sana en varios sentidos.

Yo puedo entender muchas de las crisis emocionales y sensoriales de mi hijo… Aunque muchísimas veces no tenga los recursos para evitarlas ni la fluidez oral para que otros entiendan la situación. Muchos de quienes me han dado luces del por qué de sus crisis o de mis aislamientos fueron autistas no verbales de niños. Algunas de estas personas con mucho esfuerzo y a prueba y error, como yo, aprendimos a movernos en este mundo que valora las formas de la mayoría. Otros estuvieron en estas terapias “que han demostrado ser efectivas” dicen los “expertos” y esas personas, que por tanto tiempo se esforzaron por parecer normales, me dicen que requirieron de décadas para superar el estrés post traumático que les causó la terapia que tuvieron de niños. Tiene que haber otras formas. Se requiere amor. Se requiere ponerse en el lugar de nuestros niños si realmente los vemos como personas.
Y soy Gestaltista y practicante de Río Abierto, y en el futuro seré instructora. He experimentado en mí la teoría paradójica del cambio que brillantemente expuso Arnold Beisser. Mis cambios más profundos, aquellos que han mejorado no calidad de vida, aquellos que han permitido una vida más auténtica y rica, no han llegado de un gran esfuerzo por cambiar o ser diferente. Han llegado de un profundo respeto a esa que soy en esencia, de aceptar incluso aquello en mí que no me gusta, ver su razón de ser, para qué me son útiles, para qué me fueron útiles si hoy no lo son. Mis cambios han llegado de explorar aquí y allá nuevas maneras de moverme en este mundo. De moverme diferente por placer, por curiosidad, para ampliar mi repertorio de comportamientos.

Moverme sin el objetivo de cambiar es bailar. Bailar en este mundo no sólo desde el cuerpo.

Me cuesta creer que no sea así para otras personas autistas, como yo, o para cualquier persona. Pero claro, es mucho mejor aceptado socialmente el cambio basado en el esfuerzo y sacrificio aunque el costo de eso sea una guerra interna con esas partes nuestras que confío saldrían con menos violencia si, al menos a veces, simplemente las dejarámos ser.

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De terrorismos varios

Terrorismo
1. m. Dominación por el terror.
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.
RAE

Voy a basarme en la primera definición de terrorismo para esta primera entrada, aunque las otras dos definiciones sean las más usadas. Yo veo el terrorismo como la acción de cambiar el comportamiento de otros inculcándole miedos.
De acuerdo a mi definición los primeros terroristas solemos ser los padres. Yo, por ejemplo, me declaro culpable. Considero que gran parte de las acciones de sobreprotección son pequeños o grandes terrorismos. Muchos autoritarismos, formas de disciplinar y conductismos además de ser terrorismos también son formas de sobreprotección. Castigamos/disciplinamos/regañamos/reprendemos a nuestros hijos para evitarles “un mal mayor”. Evitamos que nuestros hijos se expongan a ciertas cosas que consideramos peligrosas por evitarles el dolor de un accidente o de una enfermedad o de un “mal futuro”. Hasta cierto punto algunos terrorismos pueden ser necesarios, supongo. No me veo permitiendo a mis hijos exponerse a un corrientazo, al fuego, o a un vehículo. Creo que seguiré siendo terrorista en este tipo de situaciones.
Con algunos temas de salud es distinto. Obligar a un niño a comer si no tiene hambre u obligarlo a abrigarse si no tiene frío, me parece una forma de desconectarlo de su cuerpo. Enseñarle que es más importante el complacer a los adultos que atender sus necesidades reales me parece una enseñanza peligrosa. Creo que un niño que desaprende a oír a su cuerpo será un adulto que no sabrá cuando parar de comer o cuando desabrigarse. Tantos adultos se enferman porque una lluvia les cae encima y yo no. No puedo evitar pensar que de niños les dijeron «no te mojes porque te enfermas» y a mí no.
Me pregunto donde está el equilibrio. Porque tampoco considero sano permitir que un niño se llene de golosinas sin nutrientes y luego no coma verdaderos alimentos. Evito comprar golosinas y alimentos procesados. Aún así a mis hijos les encantan y no se controlan cuando están expuestos a ellas.
Y ahora me molesta que dejaron de comer algunas cosas como la cocacola y hamburguesas de McDonalds porque les inculcaron miedo. Les dijeron no tomen cocacola porque tiene no sé qué efectos y su logo es un blanco escupiendo a un negro si lo miras de tal y tal perspectiva. Lo del logo me parece tonto, si yo miro con atención los patrones que forma el mármol de mi cocina veo hadas, si veo los de las gotas de lluvia en mi ventana veo duendes, en las nubes he visto unicornios y elefantes, y hay quien vé a la virgen en una mancha de humedad. Cada quien vé lo que quiere, lo que hay en el subconsciente o lo que sus conexiones neuronales generan aleatoriamente. Eso no me parece una explicación de que la cocacola sea mala. Lo de los efectos pueden o no ser ciertos y considero deben ser similares a si toman cualquier bebida carbonatada, altamente azucarada, coloreada con colores artificiales. Para mí no es un problema que dejen de tomar cocacola. El problema es el control del comportamiento infantil en base a un miedo. Si les permitieran contactarse con su sabiduría interior para saber que esto les hace mal (yo, por ejemplo he notado que me quita la sed a corto plazo y en un par de horas tengo una sed de enguayabada/resaca) no me importaría mucho. El problema es que me parece que hay un pensamiento de anti-corporativismo detrás de la invitación de dejar la cocacola, en parte porque no incluyeron las demás bebidas carbonatadas o sobreazucaradas. Y como tantos -ismos y anti-ismos está basado en los miedos y en la hipocresía de los que se creen buenos. Me molesta en especial que haya una manipulación de la mente infantil. Y toda, toda manipulación es una manera de coartar las libertades individuales.
Y entiendo que fue «por bien hacer». No le critico a la profesora sus intenciones. «Por bien hacer» como quienes les enseñan a los niños sobre el pecado y sobre «el cielo y el infierno» para que «aprendan a distinguir el bien del mal» (aunque estudios varios demuestren que las personas que NO son religiosas suelen hacer el bien de manera más desinteresada). No, no puedo aceptar que estos tipos de manipulación sean un comportamiento ético. Porque en mi infancia demasiadas lágrimas lloré creyendo que mi familia se iría al infierno por no ir a misa. Porque desperdicié horas de infancia en ir a misa «para ser buena» (si hubiera disfrutado el ir a misa sería diferente) en lugar de leer un libro o subir a mi árbol que era lo que disfrutaba. Eso es maltrato. Lo que me hicieron en la preparación a mi primera comunión no tiene otra palabra. Y, obvio, esa profesora también tenía la mejor de las intenciones. Esa era «su verdad» y supongo que su misión en la vida era transmitirla a los niños para que no se vayan al infierno. Si una niña sufría y lloraba porque su familia no iba a misa, era culpa de la familia por no vivir de acuerdo a las «leyes divinas».
Por eso, entre otras cosas, considero a las religiones como unas de las principales «organizaciones terroristas». La mayor parte de las que conozco buscan que las personas cambien su comportamiento por el miedo al infierno, al mal, al karma o al rechazo de la comunidad. Por miedo.

Por eso trato de observarme a mi misma cuando me doy cuenta que tomo una posición polarizada. Cada día me doy cuenta que las posiciones extremas en el fondo se parecen. Y al revisar mis polaridades internas muchas veces la posición de víctima la que al final encarna la posición más violenta, o más intransigente, o la menos amorosa. En mis polaridades internas la víctima es la dueña del miedo, es la que hipócritamente se cree buena tratando de inclulcar miedos a sus otros personajes y desde esa posición trata de controlar. Esa víctima es también la terrorista y en mis personajes suele haber aún muchas características de ella.
Y si, desde mi propia definición yo también soy terrorista. Dejar de negar a la terrorista que hay en mí supongo que es un buen paso para dejar de juzgar el terrorismo “de afuera”.image

Imagen tomada de: https://latuffcartoons.files.wordpress.com/2013/04/terrorismo.jpg