Transformación

Salgo de un taller de formación de instructores de Rio Abierto con la oxitocina fluyendo por mi cuerpo. Con el corazón hinchado y la confianza de que el universo me sostiene. Me veo reconociendo los distintos personajes que alguna vez pensé que soy y aquellos que creía ajenos. Me veo amándome y amando. Me veo en esa expresión de la rabia que tanto oculto. Me reconozco en mis personajes apolíneos, dionisiacos y orientales y, esta vez, sin identificarme con ninguno en especial. Me veo apolínea en mi afán de controlar mi vida y predecir con ello el futuro. Me veo dionisiaca en mi baile, en mis giros infinitos, en mis cajones desordenados. Me veo oriental en mi dificultad de entrar en la acción, en mi tendencia a esperar que las cosas se resuelvan solas cuando las creo difíciles.
Me veo, sobre todo actualizada. Ya no soy aquella de hace un año, ya no soy aquella de hace un mes. Hoy me atrevo, y si me equivoco o el resultado no es el esperado, lo recibo de otra manera. Hoy me atrevo, mucho en clase, y más de lo normal en lugares no tan seguros donde sí es probable que me juzguen. Salgo de mis zonas cómodas, exploro, me encuentro con partes mías que no conocía.
Me encuentro. Me amo.

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