La hoja en blanco…

Pocos miedos mios son más grandes que el de la hoja en blanco con la invitación a dibujar o pintar…. Peor aún si la invitación es a dibujarme…. Y es que pocas cosas activan más a la juzgadora autoflagelante que soy…. Y mientras dibujo una multitud de voces me habla a la vez…. Unas critican la estética (para que sigues si eso no está ni medianamente bonito!), otras la técnica (mira que la proporción….), otras la madurez (eso es un dibujo muy infantil) otras voces interpretan (mira el trabajo que te cuesta dibujar la boca, ¿eso que dice de tí?)…. Uuuuffff…. Es agotador….
Y entonces, cuando he tenido ganas de dibujar, dibujo en abstracto. Y, quizás por eso disfruto hacer mandalas. Y hoy, frente a las ganas de dibujar, simplemente tomé la hoja y empecé. Y también traté con cariño a las voces, no el eterno callarlas que me agota, un amable, “sí, sé que estás ahí, te reconozco, aprecio tu ayuda, ahora quiero hacer algo distinto”….
Y, poco a poco, fue saliendo un personaje que me atrae mucho, la bruja. Y es que me atraen mucho los personajes brujiles. Desde la “Joven de las especias” hasta la chamana de “Tierra de Osos 2”. Y, aunque no me reconozco en ese personaje, siento un calorcito, me llama. Las brujas celtas me encantan. Y, quiero crear/recordar esa bruja que hay en mi y que hoy llegó a mi hoja en blanco.

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De cielos y de infiernos…

Conozco personas, que aún rechazando la existencia de Dios viven sin odio, sin resentimiento, egoísmo o falta de amor, con una ética y moral intachable y desinteresada. Respeto mucho el ateísmo. No conozco ateos que nieguen la existencia de Dios para “hacer lo que les dé la gana” y, para ser sincera, me cuesta mucho más entender y respetar muchos aspectos de las diferentes religiones.
En este momento de mi vida me es indiferente si existe el cielo y el infierno despues de la vida. Creer o no que existen no va a cambiar mi comportamiento ni para bien ni para mal. Seguiré viviendo de la manera más amorosa que me es posible.
Creo que la motivación humana va más allá de la búsqueda de un premio o el miedo a un castigo. Creo que quien actúa de manera inadecuada, egoísta, superficial, casi siempre lo hace porque fue lo que aprendió, casi siempre desde la sensación de no ser amado incondicionalmente. Y creo que Dios es energía amorosa incondicional, por muy hippy que parezca. Por eso dudo que el amor incondicional castigue al alma humana con un infierno lleno de sufrimiento. Y, en especial dudo que castigue, de cualquier manera, a quien no crea en él, o crea en él de una manera distinta a la establecida por las religiones, y sinembargo lleve una vida consciente de que el dañar a otros es en últimas dañarse a si mismo y a quienes ama.
Si existe el cielo y el infierno después de la vida, creo que Dios encontrará la manera de mostrarmos el amor en cada una de ellas, y no como premio ni como castigo, como una invitación a reconocer lo aprendido en la experiencia humana.

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Estrellas

Cada niño es una estrella. Tienen de cielo y de infierno. Ese infierno, ese caos interior, es fuente de energía es justamente aquello que los hace bellos. Sin infierno interior una estrella no brillaría, no tendría la belleza y luz que vemos en la noche oscura.

Queremos que nuestros niños sean estrellas y apagamos su fuego interior, sin darnos cuenta que al hacerlo, limitamos su capacidad de brillar.

Y tambien somos niños y queremos brillar como estrellas. Negando nuestro infierno interior, ¿tendremos la energía para brillar?

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Hoy no quiero ser una alópata emocional.

Hoy no quiero ser una alópata emocional.
Si “apago” los síntomas negativos con positivos creo que me pierdo del aprendizaje que hay detrás. ¿Que necesidad insatisfecha hay detrás de mi tristeza, de mi rabia, de mi frustración? No, mis necesidades no son necesariamente alegría, tranquilidad o paciencia… Y el aprendizaje no llega por forzarme a sentirlas, ni por motivarme a sentirlas. El aprendizaje ha llegado transitándolas, quitándoles los juicios, aceptándolas, queriéndolas…. El aprendizaje está transitándolas mientras me quiero….
Por eso no me gustan algunas/muchas ideas de la PNL…

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¡Ojo! Estoy hablando en presente y en primera persona, teniendo en cuenta que mis emociones no son incapacitantes y que tengo la energía para transitarlas.

El fantasma que me acecha…

Quería que este blog fuera más luminoso. Que el permitirme ver y querer lo bonito que hay en mí fuera más permanente. Quizás sea por lo cíclico del ser mujer, quizás sea que me gana el apego por mis temas oscuros. Y hoy lo que hay es eso, densidad, oscuridad, dolor, frustración.
Me persigue el fantasma de la mala madre. Hay días en que me siento la peor mamá del mundo, muchos días. Y la peor, porque aunque conozco lo correcto, lo que los estudios indican que es mejor para mis hijos, termino haciendo todo lo contrario: grito, pego. Siento deseos de lastimar. Y, al contrario de muchos padres, no es para que aprendan, para darle una lección. En esos momentos soy un monstruo, raro, incluso soy lúcida, consciente de lo que hago, convencida que hago lo que necesito.
Y me duele ver la violencia que hay en mi. Hoy quiero verla de frente sin buscarle explicaciones o averiguar su historia, ya no quiero mentalizarla. Ya no quiero buscar culpables.
Esa violencia… ¿Porqué con mi hijo mayor? Por sus particularidades varias, a las que hoy no quiero ponerle nombre, me aterra que si no lo acepto incondicionalmente yo, nadie más va a aceptarlo. Y hay días que ya no soporto sus particularidades, su falta de filtros, sus estallidos de ira por nimiedades, el maltrato a su hermana “porque está aburrido”, o porque no puede preveer el peligro en su juego brusco. Y me molesto conmigo misma por quererlo cambiar, por desear en esos momentos la pastilla mágica, la terapia, la alimentación, lo que sea que lo encaje en el esquema de normalidad. Si, ese esquema con el que tanto me peleo por castrador de autenticidades. Si, debería ser yo la que cambie. Debería… Y entonces cargo con la responsabilidad de su comportamiento, y eso tampoco está bien. Lo sobreprotejo, y eso también es maltrato. Y quiero la receta para crear al niño de mis expectativas.
Me averguenzo del comportamiento de mi hijo y también por no aceptarlo “tal como es”, este fantasma de la mala madre me persigue, no importa la dirección en la que viaje.

Soy…

Hoy me disgustan los “tener que mejorar/superarse”…. Ya no quiero negar mi condición divina… Ya no quiero alimentar la separación con el universo. La única manera de “mejorar” es reconocer lo que soy en esencia. Por lo tanto no hay nada que mejorar, ya SOY.

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Siento armonía…

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Hoy me doy permiso de sentir armonía. Me doy permiso de sentirla sin culpas y sin intelectualizar si esconde alguna emoción oscura. Sin juzgarla como resistencia a ver mi sombra. Sin juzgarme por “no estar trabajando lo denso o lo incómodo”.

Me doy cuenta que en el proceso de hacerme amiga de mi sombra, me apego a ella, y me olvido que también soy luz.

Luz y sombra…

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He dicho y pensado muchas veces que debo querer incondicionalmente a mis hijos, aceptarlos tal como son, con sus luces y sus sombras, sin tratar de convertirlos en niños mejores. Y me pregunto, ¿me quiero incondicionalmente, tal como soy, con mis luces y mis sombras? ¿pienso que debería ser mejor? ¿que debería cambiar para convertirme en esa mejor versión de mi misma? ¿me acepto tal y como soy, aquí y ahora? ¿Que pasaría si observo mis sombras en lugar de esconderlas o cubrirlas con esa mejor versión de mi misma? ¿Que pasaría si “soy” en lugar de fantasear con ser aquello que debería ser?

Matices…

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El mundo a mi alrededor lo veo polarizado. Me dicen: Eres tibia si no te comprometes con una posición. O, si no estás conmigo, estás contra mi. O, si no rechazas a mi enemigo es que estás con él. Y, muchas veces esto, en nombre del amor, de la paz, de la ciencia. Sé que es un reflejo mío, hay proyecciones, de lo contrario o no lo notaría, o no me haría ruido. Y al mismo tiempo, prefiero mirarme aquí y ahora, aceptar que a veces está bien para mi elegir el negro, o el blanco, y sentir vida cuando elijo naranja fosforecente, o magenta, o rojo sangre, o verde “árbol de mi esquina”. Y, también, permitirme cambiar mañana, o dentro de un minuto. De eso se trata la libertad, para mi. No de limitarnos a “lo bueno o lo malo” según parámetros externos. Experimento, lo blanco, lo negro, e infinidad de colores y matices. Creo que se puede ser “bueno”, empático, consciente, sin imposiciones externas. Y, aquí y ahora, decido ser leal a mi, principalmente a mi.

Ser mejor…

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Llevo algunos dias en conflicto con mis introyectos (mandatos), especialmente con los que tengo como madre.
En foros y páginas a las que pertenezco, aunque ya me dí de baja de la mayoría, veo como las madres juzgan, critican, y hasta maltratan a aquellas madres que piensan o actúan diferente. Aquellas madres que rechazan los golpes, castigos y ridiculización hacia los niños las veo castigando a otras madres, haciéndolas sentir mal, ridiculizándolas, haciéndolas sentir que no pertenecen al selecto “club” de la crianza con apego. Las veo conductistas con otras madres (y consigo mismas), aplicando ese conductismo que tanto critican en la crianza.
Yo, en estos últimos años he conocido madres con un hermoso vínculo con sus hijos, a pesar de haberlos dejado llorar para dormir, a pesar de no haber amamantado al 100%, a pesar de haberlos tenido por cesárea electiva, a pesar de usar de vez en cuando, o más, el conductismo.
Y es que hasta hace poco pensaba que si yo hubiera empezado la crianza con apego antes, o si mi esposo me hubiera apoyado en ella, mis hijos serían mejores niños hoy. Me veo condicional, me veo deseando que mis hijos, mi esposo, y tantas otras personas a mi alrededor sean mejor personas de lo que son, personas distintas a las que son, quitándoles afecto, de alguna manera maltratándolos, por no cumplir mis expectativas. Me veo tambien deseando ser una persona distinta a la que soy, dedicada a cumplir expectativas propias y ajenas y maltratándome psicológicamente por no cumplirlas. Y creo que eso no me permite quererme, quererme incondicionalmente.
¿Porqué, si desde hace tanto que tengo claro que el haber sido “buena niña” me quitó más de lo que me dio, en autoestima, en seguridad, en confianza, en autenticidad, sigo insitiendo en ser una “buena” madre, esposa, hija, hermana, amiga, vecina, etc. ?
¿Acaso las personas que eligen actuar distinto, por las razones que sean, son necesariamente malas/ignorantes/tontas?…¿Son menos? ¿son inferiores?
Ahora trato de ver a las pesonas y situaciones sin juicios. Porque no conozco la motivación detrás de su actuar. Porque en algunas ocasiones el no hacer “lo correcto” puede ser lo mejor para el vínculo. Porque muchas de ellas tienen mejor vínculo del que yo tengo, están más felices, gozan de los detalles, y eso es lo que sus hijos aprenden.
Me pregunto, ¿que aprende un niño de una madre frustrada, amargada, que no logra ser tan “buena” como quisiera? ¿qué aprende un niño de una madre que juzga como “malo” casi todo lo que ve fuera del núcleo familiar? ¿qué aprende un niño de aquella madre que tilda a su vecina de ignorante/egoísta/perezosa porque le da a su hijo biberón en vez de teta?
Es una utopía criar niños libres. Difícil, casi imposible. Porque ellos en su infancia nos imitan, intentan ser parecidos a nosotros, aunque les digamos que sean libres de pensar lo que ellos crean. En la adolescencia, posiblemente se nos opongan y esto tampoco es libertad. Elegir lo opuesto, por ser opuesto, sin preguntarme lo que realmente quiero, no es libertad. Quizás, quizás en la adultez puedan elegir libremente una camino diferente al nuestro y también diferente a su opuesto, y, si es realmente lo que quieren, entonces serán libres.
Y, veo entre quienes me rodean esa necesidad de ser desde la oposición a una tendencia. Me he visto tambien en ese lugar antireligiosa, apolítica, antipatriarcal, antiestivill, anticonsumista. Dando poder a aquello que se oponen, y siendo en el fondo lo mismo. Porque si no puedo elegir, de corazón, lo que es mejor para mi aquí y ahora, ni soy libre ni soy auténtica. Si debo caber entre las etiquetas o anti-etiquetas con las que me definí, no soy libre, soy esclava de un nuevo autoritarismo o del autoritarismo del anti-autoritarismo. Y todo esto ¿para qué? Para ser mejores, o que nuestros hijos sean mejores.
Y, ¿qué es ser mejores? ¿no están nuestros “ser mejores” llenos de mandatos, creencias, egos? Hoy veo estos “ser mejores” como una no aceptación de nuestra esencia… Para mi es una excusa para desconectarnos de nosotros mismos…. Una excusa para poner la energía en el futuro en lugar de en el presente… Y, sobre todo, una excusa para no querernos.