“Ella se lo buscó”

 

“Ella se lo buscó”…

Así ven tantas personas la violencia machista. “Es lo normal”. “Es lo socialmente aceptado.” “Son cosas de varones.”

Y es una forma de culpar a la víctima. Las excusas por las que dicen que “ella se lo buscó” son varias:

  • Por la forma en que estaba vestida.
  • Por que estaba borracha.
  • Yo sé que en el fondo eso quería.
  • Es que las mujeres cuando dicen “no” en el fondo es que “si”.
  • Es que ella lo invitó a su casa y debía imaginar sus intenciones.
  • Es que un entre un hombre y una mujer solos “pasan esas cosas”.
  • Es que los chicos siempre serán chicos.
  • Porque no se portó como “mujer decente”.

Las excusas hay por montones.

Les doy una noticia: Las mujeres no somos objeto para su placer o comodidad. Ni siquiera la esposa o la novia. Y sí, las mujeres somos también machistas criadas en una sociedad machista. Y sí, reproducimos ese machismo. No lo niego. Y por esta sociedad patriarcal  muchas creen que su razón de existir es ser deseadas. Y muchas creen que necesitan vestir de cierta manera para ser vistas creyendo que al ser deseadas les están haciendo un favor. Otras simplemente aman su cuerpo desnudo y sentirse libres de ropa y no están dispuestas a sacrificarse por una falsa modestia. Unas dicen cosas para llamar tu atención y otras son malinterpretadas cuando sólo querían ser amistosas. No se lo buscó la que posa desnuda para Nu-Project, ni la que posa desnuda para Playboy, ni la que jamás posaría desnuda. Ninguna “se lo buscó”.

Y  me dicen algunos hombres que tengo una opinión radical por decir esto, que para mí significa que las mujeres tengan igualdad de derechos que los hombres. ¿Si a un hombre le roban el auto y estaba borracho cuando eso ocurrió le bajan la pena radicalmente al ladrón? Difícilmente. ¿Si un hombre viola a una mujer incluso causándole maltrato físico le bajan la pena radicalmente al delincuente? Con demasiada frecuencia. ¿Es esto igualdad de derechos? No lo es. Lo es menos teniendo en cuenta el impacto psicológico que implica la agresión sexual en un ser humano. 

¿Por esto soy radical? ¿Radical es que las mujeres tengan los mismos derechos de los hombres? ¿Radical es que una mujer no sea tratada como persona sino como un objeto o un valor? ¿Radical es creer que el valor de una mujer no está atado a a la manera en que expresa o no expresa de su sexualidad? ¿Radical que una mujer sea dueña de su propio cuerpo y pueda decidir si lo muestra o no, si quiere depilarse o no, o a no permitir ser discriminada por los arbitrarios estándares de belleza? ¿Radical es creer que debemos ganar el mismo sueldo por hacer el mismo trabajo que los hombres? ¿Radical es creer que el cuidado de los hijos y la casa debería ser por igual y que el que un varón lo haga no es como “ayuda” sino por que también es su responsabilidad? ¿Radical es creer que siendo adulta y responsable tengo el mismo derecho que un hombre a salir con amigos y amigas y  llegar a casa más tarde que la Cenicienta o no llegar hasta el día siguiente y que mi pareja no me tache de mala persona por hacerlo? ¿Radical es no creerme merecedora de maltrato físico o emocional por parte de ninguna persona?

No es radical. Es tener los mismos derechos. Es valorarme como ser humano.

No es radical ser feminista mientras los existan privilegios para otros en el mundo únicamente por ser varón.

Conozco demasiados abusos contra las mujeres. Demasiados abusos sexuales. Mujeres que no han podido decir “no” a contacto sexual no apropiado. No han podido decir “no” porque el abusador era de la familia, incluso hermanos, abuelos y hasta padres. No han podido decir “no” porque con ello pierden el trabajo que le da subsistencia a sus hijos. No han podido decir “no” porque el abusador está en situación de poder sobre ellas. Y no, no son casos aislados,  son casos callados. Esto ocurre no por que la mujer “se lo busque” sino porque nuestra sociedad nos inculca que los hombres tienen derecho sobre el cuerpo de las mujeres. Y son callados porque en el proceso de denuncia las mismas autoridades y hasta la familia asumen que la culpa es de la víctima. Dicen “ella se lo buscó”. Los abusadores manipulan y es habitual que incluso la víctima se sienta culpable. Y tampoco son monstruos o escasos estos abusadores, suelen ser personas “de familia”. Haz las cuentas. Si al menos una de cada 10 mujeres ha sido abusada sexualmente en su vida, eso significa que es altamente probable que haya abusadores en tu trabajo, en tu vecindario, en tu familia.

Y esto sobre violencia sexual y emocional, que es lo que conozco. Quizás mis privilegios de clase me han hecho menos conocidos los casos de violencia física. Violencias que también se justifican con un “ella se lo buscó”. Por que tantos creen que por su género tienen autoridad de maltratar o corregir el comportamiento de su pareja.

Cuando dices “ella se lo buscó”, cuando justificas los “alardes de varones” como cosas “normales” de tu género.Me pregunto si detrás del “ella se lo buscó” justificas abusos que has cometido. Y aún si no, estás perpetuando esta cultura de la violación. Estás perpetuando la idea que los cuerpos de las mujeres existen exclusivamente para el disfrute de los hombres. Estás diciendo a tus descendientes de género femenino que es su culpa el abuso que pudieran llegar a recibir. Estás diciendo a tus descendientes de género masculino que es “normal” y hasta motivo de alarde usar para su placer o beneficio el cuerpo de las mujeres sin su consentimiento explícito.

Y si. También hay violencia contra los hombres. Y el machismo también priva al hombre de muchos derechos. Y si. También hay hombres abusados. Muchos. Y tal vez los casos son aún más callados. Y son muchos, muchísimos los abusos contra algunas minorías y  grupos no privilegiados. Y su comentario fue contra las mujeres. Por eso les respondo con detalles sobre mujeres sin que esto signifique que contra los hombres y otros grupos no hay injusticia social. Mi escrito es para que sean conscientes que para mujeres hay una injusticia social que al parecer no les es conocida. Ojalá se dieran cuenta de esto quienes me acusan de radical.

¿Qué hago yo para cortar con esto? Escribo sobre la realidad del abuso. Realidad que conozco directamente de demasiadas víctimas. Esta realidad no son exageraciones de feminazi son vivencias de muchas mujeres que conozco, muchas de ellas muy cercanas a mí. Son realidades de muchas mujeres. Cuido mi cuerpo y evito someterme a presiones sociales sobre mi cuerpo.  Le enseño a mi hija y a mi hijo que ellos y solo ellos pueden dar consentimiento sobre su cuerpo. Que tienen derecho a decir “no” aún sobre besos de saludo, abrazos o cosquillas. Les enseño que si no son amados tal como son no deben someterse. Les hago notar cuando adultos y otros niños tratan de sacar provecho de ellos, manipularlos o maltratarlos “en nombre del amor” o de la amistad. Y sé que a pesar de mis cuidados quizás no sea suficiente.

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Imagen tomada de Infobae.com.

[Imagen de un mapamundi con los siguientes textos “1 de cada 3 mujeres en todo el muno será víctima de violencia física y/o sexual al menos una vez en su vida.” y “El mapa presenta la prevalencia de violencia de género por región de la Organización Mundial de la Salud (OMS).]

Digo SI a la confianza. 

Mi país dijo NO a las FARC. En gran medida dijo si al miedo y al terrorismo (según mi definición en esta entrada). También dijo si a la violencia como escenario de “solución” de conflictos. En gran medida dijo sí al querer desaparecer a otro antes de estudiar la posibilidad de sentarse a hablar en la misma mesa o en el mismo congreso. 

Yo dije sí al plesbicito. Dije sí sabiendo que para mí el proceso de paz es conmigo misma. Y que cada día me animo más a acompañar a otros a encontrar esa paz consigo mismos, a comprometerse en un proceso de aprender a quererse.

En estos días me muevo mucho en la polaridad confianza – miedo. Y desde el miedo quiero tener el control. Quiero saber, quiero poder predecir el futuro. Desde el miedo quiero poseer y quiero ocupar. Temo no ser reconocida. Desde el miedo están las expectativas y la frustración cuando no se cumplen. Desde el miedo vivo en amargura y prisa. Ocupo espacios compulsivamente, sin disfrutarlos. Desde el miedo también me escondo. El miedo y la desconfianza son invitados frecuentes en mis clases de Movimiento Vital Expresivo. Son lo conocido en mí. Me muevo mucho menos desde la confianza.

Y confío. Confío en la resiliencia de los seres humanos. Confío en que la vida me mueve de los lugares a los que llego desde el miedo o desde los “deberes ser” impuestos. Confío en que el placer es señal de bienestar. Confío en mi intuición y en mi sentir. Confío en mis emociones como mensajeras y ya no las veo como enemigas. Confío en que puedo encontrar el equilibrio sólo con “estar” sin necesitar el “empuje” del “hacer compulsivo” y de la ilusión que es la búsqueda del logro. 

Confío. Y busco en mí las sensaciones corporales que me invitan a la confianza. El sentirme sostenida hasta por el aire. El reconocer mis pies como raíces profundas. El ser una con la tierra, madre tierra y al tiempo ser chispa divina. Confío en el alma de mi hija que me dice que estamos más protegidos de lo que creemos y que esa protección es dulce y placentera. Confío en el alma de mi hijo que me dice que no luche contra las olas de caos sino que me deje llevar. Confío en tantas voces que hoy son mis tribus. Y confío en que hoy puedo cada vez más ver al otro como otro en lugar de antagonista.

Confío. Y me comprometo a explorar cada día más esa confianza, habitarla.

Hoy elijo confiar.

[Descripción de la imagen: imagen con fondo azul con textura y el texto “Confío. Y busco en mí las sensaciones corporales que me invitan a la confianza. El sentirme sostenida hasta por el aire. El reconocer mis pies como raíces profundas. El ser una con la tierra, madre tierra y al tiempo ser chispa divina. “]